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El Apache en La Tarde

Tío ASAEDA

Fantastico co.



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El apache en la tarde

Título original : El apache en la tarde
「午後のインディアン」
Autor: Takanori Asaeda
Traducción :Takanori Asaeda
Ayuda de la traducción : Álvaro E.Vento Acosta
Dibujo : Takanori Asaeda
E-mail: asaedaojisan@yahoo.co.jp / Japón, Tokyo
Derecho de la novela y dibujo : Takanori Asaeda
2024c

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 Dijo entonces el apache.
— Así… la nevera llegó a nosotros y nos robaron la felicidad…
 Se quejó soplando y chupando el té verde de la taza. Después, la devolvió sobre la mesa baja color caoba de Japón. Yo cambié mi postura un poco más cómoda con un movimiento de mi trasero encima de cojín ZABUTON cargando el peso a la mano de detrás, la cual tocaba el TATAMI.
 El apache estaba acariciando la superficie tosca de la taza de cerámica de té con los dedos nudillosos, que estaban toscos también con el movimiento de subir y bajar, y poniendo los ojos semicerrados mientras le temblaban un poco los labios. Entonces mi tia entró en la habitación y le sirvió otro té en su taza. Luego se sentó a mi lado.
— Mu…muchas gracias…
 Dijo. Cuando él subió la taza, que ya había colmado de té, a su boca, le pregunté con voz pequeña a mi tia:
— Es un apache, ¿de veras?
— Sí.
 Contestó meciendo su cabello de los colores grises románticos.
— Anda…
 Yo estaba soplando el pequeño vaho con sigilo y, de nuevo, balanceando mi peso en el brazo atrás.
 Con la mano izquierda, apoyó la taza y bebió té a sorbos.
— ¿Sí?…quizás esto es un té de cosecha nueva,¿verdad? Mu…muy delicioso.
 Las cejas grandes y gordas se arqueaban como la figura de una cresta de montaña. Tenía un habla lenta y profunda.
 — No sé cómo decirlo... Qué vastas aquellas praderas,¿no? Aun, si tú tuvieses una vista fina, todavía no reconocerla nada hasta el fin del horizonte. Alla, al lado, se ven los bisontes enormes. Al lado del horizonte, hay una mancha grande…la mancha marrón de los bisontes.
 Creo que su cara es como una cara que miraba el horizonte ajeno con los ojos entornados.
— Estaba lleno de alegría viendo el paisaje de aquella mancha… alegría. Mi boca estaba relajada, además se me hacia la boca agua. Solía tocar la tierra con la cabeza y dije, “ gracias, Dios mío ”.
 Le pregunté a él:
— A ver, tío, ¿de cuándo era esta historia?
— Mira, esto fue un día mucho, mucho antes: cuando yo era un jovencito que tenía la cara suave, verdad. Así era un muchacho vigoroso.
— Además en el oeste de Estados Unidos ¿no?
— Nada. No conozco bien ese país.., pero, nuestra tierra estaba más al norte. ¿Conoces, Canadá? Había un barrio cerca de allá, al lado del mar largo al que los estadounidenses llamaron “Hadson”. Aunque es verdad que vi “ los mapas” era cosa mucho después. Los hombres que tenían la cara rosa dijeron, “Nmuélika, nmuélika”; me sorprendió lo qué significaba. Un rato después me he enterado que lo llamaron su tierra propia y pensaba que “vaya, inventó un nombre curioso”.

 Bueno, sí, esos hombres querían nominar cualquiera cosa. A estas alturas a las cosas que ya tenían nombre auténtico, se atrevieron a inventar un nombre nuevo. Para “bosque” como “forest”, y para “los chiquito amarillo” como “prairii dag”, con pronunciación DÁAGG, haciendo ancha la boca. Así nos interesaba mucho, porque a esas palabras no estábamos acostumbrados.
 Caramba, los sujetos de Nmuélika tenían una actitud orgullosa, eran arrogantes en caso de encontrase a solos; sin embargo en caso de estar en gran número… como tontos, solían confundirse sin consenso, solo querían pelear. No sé porque eran así. Al contrario, nosotros siempre podíamos constituir la fila hermosa de los caballos, sí, en fila india. Guardábamos el silencio sin ruidos, confiábamos en el jefe al que dejábamos todo en sus manos.
 El apache estaba mirando alegre al techo de madera de cedro. Tal vez, viera un cielo grande cubierto sobre la llanura entera.
— ¡Sí, bien hicimos la fila!
 Le ocurrió una pequeña tensión en los extremos de los labios, y el apache alzó la taza de nuevo.
— Hermoso… mi caballo. Ese caballo. Mira, sí, era un caballo común… pero por supuesto que el caballo personalizado sería precioso. Casi todos los días solía llevarlo a la orilla del río y le limpiaba cuidosamente la piel. Por eso se veía muy brillante y magnífico. Se había quedado delgado y murió por agresión de parásitos. Mi caballo se llamaba “Ai”. Lo había matado un gusano parásito blanco que se parecía a la figura de tallarines de UDON, que además tenía longitud de casi dos metros. Me dio rabia, luego lo corté en pedazos con el hacha, lo machaqué con las piedras y lo eché como cebo a las hormigas. ¿Ah, no, a estos pedazos de tallarines? Me dijeron que “ comieses esto en tu estómago”. Pero quizá, esto era una broma… ahora pensé.

— Tu dirás por qué no me enteré de esa carga de parásitos más temprano,¿no? Pero… ¡todo el mundo tenía esos gusanos! Sabes, que aún el jefe y los diecisiete perros también los tenían. A veces, no sé con qué condiciones pero se ocurrían funcionamientos malos al cuerpo de entonces.
Y miró la cara a mi tía y dijo:
— Aunque, en esas épocas, estábamos felices.
— Eso significa antes de venir los estadounidenses,¿verdad?— Pregunté.
— Tienes razón — contestó.

— Entre muchos ratos, felices… aunque el clima no era muy bueno. En el invierno era helado y largo. No sé porqué, estaba seco, nos mordía el frío nuestras pieles, y los labios también. Los hombres ricos solían abrigarse con piel de ciervo. Como nosotros que usábamos pieles de animales más salvajes para vestirse salvo a los pies y brazos. Difíciles para moverse. Había otra gente que usaban la del osos. Ellos más bien sintieron orgullo… porque, tenían razón, si no tuvieran el cuerpo robusto, no podían ponerse esas cosas tiesas y bastas. Así, quizá intentaban suplir la pobreza.

 La verdad es que, confieso ahora, sola una vez lo puse mientras la caza, cuando yo estaba en torno a guardar el barrio de nuestros poblados. Probé la chaqueta del piel de oso. No sentí una pizca de calor, sino me atacaron picantes de aguja de pellejo en mi cuello. He enterado que a mi difícil ponerla. Cuando acabe de quitarla, sentía muy suave como un piel de la mujer los pellejos de ciervo. Sin embargo, empecé a respetar a la gente puesta la chaqueta de oso. Por supuesto que no expresé con la palabra… Solo me dio cuenta un poco de sus sentimientos animosos.
 Dentro de esos sujetos, había un sujeto muy grande: se llamaba Kauchi, a ver, no estaba gordo, el mediano del cuerpo pero alto. Una vez fui a la casa de ese sujeto con el pedernal; que dejaba olvidado mientras la caza. Diciendo, “Soy yo, ¿estas en casa?” y ojeé la tela de puerta, el sujeto que se acostaba boca abajo se levantó de un tirón. Con la cara estaría un poco pálida. Su esposa estaba callada también. Pensé “qué raro en algo”
 Charlábamos un rato, y poco a poco se hablamos los temas de conversación divertidas con carcajadas. El sujeto estaba reflejado gradualmente y dijo;
— Mira, ya recientemente a mi me pesan los años y no puedo mover ágilmente como antes.
 Su esposa añadiendo;
— Vaya, puede decir eso, ese hombre se duelen dolores en la espalda, en los estos días— con la cara triste.
 Eso, tenía razón, porque en su edad, si lastimara alguna parte de su cuerpo, sería muy difícil reconquistar su rango en tribu. O sea, uno de sus niños realizaría algunas hazañas, no hay otra manera. Sin embargo pequeños: todos cuatro niños son pequeños como que se cabían en solo un pellejo. Cuando pregunté “¿donde te duelen?”, este hombre corpulento, y con la bravura en la cara, me mostró su espalda. Parecía que tenía vergüenzas de un chico y dijo “por aquí”. Entonces, me dio escalofríos por razón de que su espalda estaba enorme.
 El me dijo que “por aquí de vez en cuando sentí, CLACK”. Sabes tenemos el parte de hueso duro en las traseros, y de arriba, al lado de columna vertebral…¿entiendes? Tenía una experiencia de que subí y empujé a la espalda de mi padre. Además recuerdo mucho que padre y tío se empujaron los cinturones, y se dieron consuelos los dos. Se enseñaron como hagan así usualmente, y no hiciera la espalda en el estado arqueado atrás demasiado cuando se duelen…toda noticia de mi recuerdo. Todo en serio. De echo, cuando yo tenia diecisiete años, aunque me dañaron el cinturón, resulta que he recuperado perfectamente con consejos de mi padre.
—Solo esos, todo.
 Si había algo otra cosa: su casa de tienda estaba helada. No faltan los leños, pero, Kauchi siempre reprendió a su esposa que tratase hacer menor el fuego. Soportable, toda su familia. Pero, ahora, me di cuenta de que eso también les funcionó mal. A cinturón había enfriado… debí decirle eso también. Aha, ya es tarde a estas alturas…aja, aja, ajaja.

 Tía dijo con un jaleo sí mismo ,”Doccoi-sho”, y se levantó del cojín japonés ZABUTON;
—Oiga, ya era hora de tengo que hacer compras, así que voy a la compras un rato. Tío, sabes, si quieres tomar una cerveza, puedes servirte cuándo quieres desde la nevera —y, dijo a mi— y tú también puedes tomarla.
— Sí, gracias— contesté.
—Pues, tío…
Con una voz que fingí la de tía, le pregunté con simpatía.
—A esa Kauchi, ¿como le van ahora?

         2

— Mira, en cuanto a Kauchi, después poco a poco se recuperaba bien. Porque podría decirse que se cuidaba más que antes, resulta que ya tenia el sentimiento completo. A ver parecía que este sujeto abrigaba un agradecimiento hacia mí. Por supuesto que eso no se aparecía desde fuera ni una pizca mientras estábamos con los otros hombres.
 El apache ponía un poco de cara de alegría, luego bajó la cara. Un rato hizo el gesto de mirar al fondo de la taza de té, y de repente, agarró fuertemente la taza con la mano derecha y echó todo el té a su boca.

— Tío... ¿quiere usted que le lleva una cerveza?
 Alcé un poco mi cuerpo desde el asiento.
 El apache puso la taza en la mesa con cierto ruido, después miró al techo de madera un rato y dijo:
— No,... un poco más tarde. Muchas gracias.
 De nuevo arquearon las cejas y entrecerraron los ojos menudos. Los labios se mojaban con el té, cuya gota se derramó desde la boca como una baba.
—… ¿ Qué le pasó ?
— Nada —estaban brillando sus ojos pequeños. — Nada, pero…
 Agarraba fuertemente la taza. Cuando movió su brazo, la taza se deslizó en la superficie de la mesa.
—… Mucho, mucho tiempo después. Creo que estábamos en verano. En el viaje de caza, con el equipo del oeste… a ver… el equipo del oeste significa: solo grupo de seis tiendas, con siete hombres adultos y dos chavales de doce y catorce años, que digamos que serían como estudiantes de secundaria hoy en día.
— ¿Y?
— Y…, un día mientras estábamos cazando con esos siete adultos y los dos jovencitos, se vio a lo lejos un caballo enorme que se fue acercando a nosotros a la distancia de unos dos kilómetros con polvo violento. Los miembros de nuestro grupo se estaban alarmando mucho. No nos enteraremos de lo desconocido. Nuestros caballos, estaba alineados de repente y preparábamos los arcos y flechas. El desconocido se paró una vez dentro del camino al lado de la mota de bolsa de pastor. Después de un rato calmando el humo de polvo rojo, empezó a correr de nuevo. Siguió derecho hacia nosotros, lo entendí.
 Yo confirmé que tenía el hacha en mi pellejo por encima de la cintura. Entonces, descubrí que “Canasta” que tenía 14años, estaba muy pálido y sudando mucho en la cara. Vaya, “Canasta” era el apodo de un chaval, de uno de los jovencitos.
 Entonces, se oyeron zumbidos de insectos pequeños alrededor de mi cara. Un milano real cantó dos veces encima… Los vientos se pararon y sudábamos. Sin embargo, no hay otra manera que fijar el blanco. Encima de la punta de mi nariz tenía algún insecto, pero no tenía tiempo de quitarlo. La tierra se estaba meciendo. El caballo de este sujeto hizo sacudidas y nos las transmitió. ¡Que fuerte este caballo! Genial.
 Aha…cuando vino hasta casi nuestra vista, me di cuenta que era él: Kauchi. También los demás se dieron cuenta. Todos menos Canasta. El hombre al lado de él lo agarró y lo bajó del brazo. Sin embargo, nosotros estábamos sin alivio todavía. ¿Por qué? Porque este tipo de acontecimiento era muy anormal.
 Básicamente mientras el tiempo de caza pasaba, no estábamos seguros. ¿Sabes? No debíamos entonces hacer ruido ni amenazar a las presas, por supuesto. Pero, lo más peligroso sería la existencia de ser humano. El día adecuado para cazar sería el mismo a todos los mundos. Cualquier persona podría decirlo mismo. Si doblábamos el campo de caza con otra tribu, no acabaríamos sin problema. ¿Sabes?, nunca doblaremos con otra familia de nuestra tribu, porque decidíamos cada territorio con mucha severidad.
 Así que es muy peligroso que nos encontramos a alguien desconocido. Nunca cederíamos el terreno. Mira…eso era como el abastecimiento y trabajo por una semana entera de nuestro pueblo. Si el desconocido fuera de una tribu sin ningun pacto, habría un problema. No debemos hacer un pacto con otras tribus salvo con su líder. Y además no deberíamos escapar ni ceder.
— ¿Pero, por qué?— Otra vez yo abrí la boca.
—… No debemos perder en el combate. Es peor enseñarle a los demás un punto de debilidad. De todas maneras, ambos lados se desvelaron, cuáles tribus después del encuentro. Seria algo peor que nos viesen como a “un pueblo insignificante”. Además, después, cuando ambos caciques se reuniesen, nos contasen el acontecimiento y fijarían un estado de hermandad.
— ¿Entonces, no hay otra manera que no sea luchar?
 Otra vez pregunté.
— No, en cuanto a enfrentarse una tribu desconocida.
 “Vaya”, paré un aliento.
— No te preocupes, solo una vez cada tres o cuatro años… Sin embargo con alguna razón, cuando una tribu perdería el territorio de caza, y empezará a entrar en distintas zonas. Consecuencia será desastrosa. Por eso nos importan saber signos de identificación; sabría la tribu con el pacto o no. Esos signos, nos guían y enseñaron desde nuestro cacique muy seriamente. Unos treinta o cuarenta… con gritos, gestos del brazo, todos signos se habían determinados ya.
 El apache envejecido, de repente, dejó la mano desde la taza de té y subió los dedos gruesos que parecían ramas de un árbol seco. Iba a contar algo.
— Ah, yo, recuerdo unos doce o trece.
— ¿Y puede reconocer las tribus?
— Exacto. En cada grupo, había un muchacho que sabía todos los signos, por eso nosotros podíamos salir seguramente a cazar.
— Ah, entiendo bien ya.
— Por eso, si encontramos a desconocidos a quienes no entendemos por los signos o voz con que se comunicaban, nos provocaba con problema. Tuviéramos que emprender batalla. Fugarse seria peor.
— ¿Después de todo, tendríais batalla, verdad?
— Sí, sí, sin embargo, siempre esquivamos el cometer un asesinato, de verdad. Lo más importante es la razón por la que propagamos a otros que aquí habría una tribu muy excelente, violenta y fuerte. Básicamente es vano asesinar seria destruido todo. Creo que la mejor manera es golpear la bolsa con un tirón de flecha; o rezarle con ella un poco de brazo. Muy eficaz. Podemos demostrar nuestro alma violenta.
 ¡Ojo, no al caballo! Si era de una tribu venida de lejos, no pueda regresar a su territorio y ante todo provoca rencor. Los caballos tienen vínculo con las almas. Después, no podemos hacerlo ceder sencillamente. Es lo mismo para todos.
— Eso quiere decir que : Kauchi no había enseñado ninguna señal entonces.
— Ciertamente.
 El viejo apache meció sus hombros.
— Todos los miembros estuvieron enfadados. A simple vista, la manera de acercarse parecía enemiga. Si no, seria como loco… Aun seria más loco, si podía olvidarse los señales.
 El apache agarró y alzó la taza de té, luego la acercó a su propia boca.
—¡ Ah!— me levanté aturdido.— Le traigo otra cerveza a usted ahora mismo.
 De prisa di un respingo y salí al corredor.

         3

 Puse el vidrio cilíndrico al lado de la taza de té y empecé a abrir el tapón de la botella grande de la cerveza. Era bastante frío, así me hacía frío mi palmada. En seguida se quitó el tapón con sonido, “Puss”, después lo voló encima de la mesa japonesa luego caí y rodaba en él. El apache viejo prosiguió el tapón de la cerveza que caí redando en la TATAMI con los ojos, pero el blanco de los ojos, me parecía, refieran algún otro blanco.
 Cuando yo incliné la botella de cerveza al vidrio, al fin él hizo la cara feliz. Con el rostro de acuerdo en la cabeza y se movía la mano derecha con un señal que expresó gracias al Dios después del equipo ganado el luchador de SUMO,
— Gracias.
 He vertido muy bien en la vaso. Se hacia una capa de crema de espuma de cerveza. El apache viejo levantó la vaso y lamió un poco de la espuma de la cerveza. Al contrario yo me seque la mano izquierda con mi vaquero.
—Ese sujeto Kauchi vino a mi. Acercó su caballo directamente justo a mi lado. Se parece que no podía notar nada alrededor salvo a mi. En mi corazón dice “hola Kauchi”, pero sin voz, por supuesto. Debido a cargos de la situación. Como te he dicho una vez, este caso era rarísimo. Aproximar sin ningún señal refieran una sublevación, casi. No había reclamación si en caso de mataran. Kauchi y yo se miraron un rato suficiente. Luego, hacia un rato, Kauchi me dijo como cuando enfadado “ se murió mi mamá”. Yo le conteste “sí, entiendo ya” y callamos otra vez un rato. De repente, después, tiró las riendas y se fue.
 Cuando el apache viejo suspendió decir esa historia, de repente dejó de tomar la cerveza con un tirón a su garganta.
— ¡Qué rico¡ —expulsó aire.
— Eso decir que él había venido a informárselo.
— Ciertamente —dijo despacio. —Pero…después de la suficiente consideración, me enteré de que no conozco su madre nunca. Conozco su mujer y las crías solo. La madre albergaba otra tienda, quizá. ¿Por qué vino y informármelo?
— ¿Por qué vino a informárselo?
— A mi no lo entendí en seguida. Es probable que después del muerto de su madre, sin ver a nadie, salió a la tienda y vagabundeaba la pradera. Finalmente me encontró a mi. Yo estaba la primera persona con que informó el asunto. Eso significa un agradecimiento. No a su mujer y el jefe sino a mi. Quería devolver su obligación con ese acto.
—¿La primera información…?
—Exacto, pero podemos decir que esa decisión era rara. Tal vez el tipo pensó que me entregó la cosa importante, sin embargo entonces no conozco nada de su madre.
—¿Parece desconsolado él?
—Bueno, a pesar de que jadeaba mucho parecía estaba en calma. A ver… finalmente a mi lo entendí, su sentimiento. No sé cómo decir eso… entonces como yo obtuve alguna compensación.
 La postura muy reflejada y tocaba el suelo de TATAMI . El apache expresó un precipicio y dijo:
— ¡Tu, tu también, toma una cerveza! — señaló la botella de cerveza con dedo.
— Aha —dije.— Me levanté para traer a otra botella de cerveza.
— Perdóname, no tenía ni atentos.
 La voz de apache me seguía al corredor.

         4

 Abriendo la nevera, eché un vistazo adentro. Se podían ver los platos diversos y envasados que fueron alumbrados con la lámpara pequeña. Descubrí una cajita redonda de madera cubierta con un film transparente. Tomé esa cajita y pensé que acaso sería un “Wasabi zuke (verdura picante cocido japonés), pero no, el contenido era UME-BOSHI (ciruelas bañadas en sal con color carmesí), a juzgar por la apariencia, era muy tierno. Así que volví de nuevo a la sala de TATAMI con esta cajita de UME-BOSHI y un vaso de cristal.
 Con un sonido“Pom”: abriendo la tapa de la botella de cerveza, llené su vaso otra vez. Luego vertí en mi vaso también. Y abrí la tapa de la cajita de UME-BOSHI, y serví el contenido al apache, “aquí tiene”
— Aha, ¡eso!— el apache lo indicó con el dedo.
— Sí, son UME-BOSHI.
— Son las que traje aquí hace poco — el apache se río con un poco de carcajada.
— ¿De verás?
— Sí, muy rico. Por eso las traje aquí en la visita de antes.
 Yo asentí con toda cabeza.
— Esos son de KISHU: el barrio famoso por ello. Pues, una vez hace tiempo me los regalaron, y sentí que me gustaban mucho, por eso pedí que me mandaran otros paquetes más por correo, unos cinco paquetes. Mira, maravilloso.
— ¡Vaya!— piqué con dos dedos un pedazo del UME-BOSHI. Era muy blando como un dulce japonés.
— Me mandaron con YUU-PACK: ese envío especial.
— ¡Qué bueno!— no era salado ni demasiado ácido tampoco.
— Ya te lo dije.
 Sonrió con la confirmación de mi palabra.
 Luego hizo unos chasquidos con la lengua y dijo:
— ¿Quieres traerme ese lápiz…aquel de allí?
 Yo dirigí mi vista al lugar de su intención. Encima del armario pequeño de CHA-DANSU, se veía un lápiz, así que le dije “ Sí, ahora mismo”, y me levanté del ZABUTON y le traje el lápiz. Estaba muy corto, muy usado ya, y en lateral el nombre estampado de un banco. Se lo pasé a él, y me dijo “ Y, una hoja para escribir “.
 Esta vez el viejo apache me reclamó una hoja de papel.
 Esta vez me quedé confundido un poco. Eché un vistazo alrededor a la habitación japonesa en lo que estábamos. Había una ejemplar del periódico de hoy. Era un ASAHI SHIMBUN. Lo recogí y desdoblaré, después dentro de ese ejemplar recogí unas hojas de anuncios. Encontré muchas de muebles inmobiliarios. Y también de súper mercados. Sin embargo, casi todos eran impresos con multicolores aprovechando ambos lados. Por fin encontré una noticia de la tienda de gafas, éste tenía solo un lado sin imprimir. Recogí ese papel;
— ¿Puede usar esto?
 Así le pregunté al apache.
— Muy bien —dijo y lo agarró con sus dedos. Él observó que una de las esquinas que se había mojado con las gotas de agua que caían desde la botella de cerveza, pero nada le molestó solo las quitó con los dedos encima de la mesa. Después de que tenía el vaso de cristal en la mano izquierda y el lápiz en la derecha, parecía que estaba aliviado. Y lamió la punta del lápiz un poco.

— Yo … para mí eso es muy raro… que desde entonces solía pensar en ella: la madre de KAUCHI… muchas veces. Especialmente cuando afilaba el hacha o me ocultaba sin ruido en la sombra del peñasco que está al lado de la ruta que hacían los animales: las presas de caza. Posiblemente esta madre habrá nacido antes de la era MEIJI… ya, no sé. Quizá respirando su aliento con el mismo aire que tienen las hierbas de la pradera quejándose. De repente me paré a pensar en que esta mujer vivía por aquí : su mamá, así. Hasta entonces nunca me lo había imaginado… esta cosa. A lo mejor sobre los bisontes era muy fácil para imaginar que había muchos, cuando quiera.
 Me empeñaba en pensar en la pradera: en estos vientos estaban incluidos los aires que aspirados por la mujer quien vivió unos cincuenta o sesenta años. Si no me hubiese dado
cuenta, no lo tendría en mi cabeza, pero… sí, realmente habrá vivido ella. Ciertamente lo pensé cuando hacía la disección del cuerpo del bisonte con un cuchillo de pelar pieles.
“Seguro, alguien que no conozco vivía.”
 Así yo iban al mismo pueblo y bosque con esa desconocida. Con su oído escuchaba mismo ruido, mismos chillidos de los pájaros. Sin embargo… yo no he visto a esa mujer nunca.
 Desde que KAUCHI me dijo “se murió mi mamá”, este acontecimiento me había agarró de repente. “Aha, sí”. Entonces vi una escena en la que un fuego se apagaba de una vez.
 A esta forma yo lo vi.
 lmagina que es verano, debajo del sol fuerte, cuando queremos y tratamos de beber agua, dejamos caer una gota de la bota y podemos observar un fenómeno con la mancha negra encima de la tierra: se achica y se apaga al fin con el calor de la propia tierra. Eso, ese sentimiento. Muy raro, porque no lo he tenido en mi mente hasta entonces, sin figura en mi mente, sí, es muy raro que se apagó dentro de “mi cabeza”. Solo me impresionó en mis retinas que la figura del trasero del caballo de KAUCHI se estaba meneando mientras se alejaba.
 El apache viejo, con el lápiz corto, hizo garabateando algo en el revés del papel del anuncio.
— ¿Tío, qué está escribiendo?
—¡Uh!
 Justo como una jirafa que se mueve con sorpresa al beber agua paró su mano de repente.
— ¿Parece un dibujo, qué dibuja?
 Yo bajé mis hombros, doblé mi vientre para mirar ese dibujo.
—… La Mamá de KAUCHI…
— ¿Eh?
— Poco a poco… mientras pasaba un poco de tiempo, me pareció que podría imaginarla pizca a pizca encima de mi vista. Pensé que podría ver ese rostro y cuerpo como si fuese una conocida antigua.
 Entonces sentía una extraña sensación. Con vacilación miré al papel del anuncio de la óptica oculto debajo de los manos del viejo apache. Había un dibujo. Allí se podia ver una figura de persona que parecía una muñeca OHINASAMA la cual tenía la parte inferior del cuerpo aplastada debido a caer al suelo desde un lugar muy alto. La misma impresión que una fruta caqui madura después de caerse al suelo de la tierra con un sonido “paf”.
—¿Qué es esto: la parte negra?
Le indiqué la parte superior del dibujo.
— Su cara.
 Rió el apache con supuesta vergüenza.
— Solían las mujeres tener la cara negra. Ni de barro, pero está era negra como el carbón. Además brillaba.
— Aha, sí —dudé — porque trabajaban fuera siempre, ¿verdad?
— Exacto, pero no era mugrienta. Después de limpiarse con bolsita de salvado de arroz, todavía seguía negro y brillante. Aun ahora, ¿por qué era negra?
— Y usted , tío,¿ no tenía negra su cara?
 Después le miré a la cara del apache, sin embargo, no tenía la cara negra especialmente, sino de el color moreno de un abrigo del BARBALI.
—Ay, sobre yo… no la sabia. Nunca había visto la cara de mi mismo. Anda, quiero decir solo en esa época: dondequiera no había ningún espejo. Tal vez no se podía ver reflejado, aunque, en la superficie del río, mientras se lavaba la cara. Así solo pueda encontrar una figura de la sombra oscura, resulta que descubría solo los ojos blancos brillantes.
 Estuve sorprendido.
—Entonces, ¿cómo hacían cuando quería ver su mismo cara?
—¿La cara? Muy sencillo… no te preocupes. Pido a otros que me vean.
—Eso significa,¿no se puede comparar una con otra?
—Así, no eso es.
—¡Vaya! Se parece el juego de naipe: “INDIAN PÓQUER” en Japón—estoy muy emocionado.
—Tienes razón… nunca pensaba que compararíamos la cara con la de otra.
—Tal vez no, creo.
—Resulta que estábamos muy cómodos.
 Dijo, mientras me pidió otra copa de cerveza a mi. Estuve apresurado a llenar su vaso con el líquido.
—Sí, sí, era feliz. Solían estar muy cómodos en el mundo sin molestarse por la apariencia de la cara suya.
 En mi cerebro, se aparecieron y desaparecieron unas palabras como objeto, sujeto, objetividad o subjetividad.
—De todas maneras…—un trago de cerveza. —Este parte negra es su cara.
—Así, entiendo—yo bebí también un trago de la cerveza.
—Está nos mira, con los dos ojos de ahí: dos círculos. Su frente está lúcida y también las mejillas. Y, por supuesto, tiene muchas arrugas. La cara está pequeña, ya hemos imaginado.
—Pero, ¿por qué no tiene brazos?
—Como se ve, estaba cubierta con una manta. Por el frío,¿entiendes? Con la manta enrollada y se sentaba todo el día aquí.
—Estaba calentandose al sol,¿verdad?
—Tienes razón, calentarse al sol… eso significó el trabajo de ella. Cuando amaneció el sol, ella iba al aire libre. Y con ese calor, absorbió los calores todo el día… así su trabajo era aceptar el olor rico del sol y traer calores hasta su tienda.
—¿Solo, este trabajo, no tenía otro trabajo?
—Ni idea ni imagino—el apache meneó la cabeza. —Creía… solo este cargo; sentarse en la roca era meramente duro y serio, por eso no pensaba más que en esto. No tenía ninguna imagen más que esta postura… ja,ja,ja. Faltaba un poco de atención. Le tenemos que otorgar a ella algunos trabajos más.
 Así, dijo y agarró uno de UME-BOSHI con los dedos. Uno de tamaño grande y un color carmesí claro sin mucha materia colorante química.
—Venga, se decía que todas las madres tenían mucho trabajo y estaban ocupadas siempre. Generalmente, trabajaban al moler los cereales, amasarlos, aplastarlos, hacer pan con los hornos y cocer. Como hacer bolsillos o pellejos. Además en las cercanías teníamos una pequeña huerta de verduras, tenía que quitar y alejar muchos bichos dañinos y pájaros. Si no…,por ejemplo, si dejábamos unos dos pájaros libres, todas las verduras serían devoradas a desastre, en solo un día.
—¿De cuáles verduras se trataba?
—Ja, ja, ja—río—. Mira, esas verduras… no eran verduras justo en el sentimiento de ahora, se puede llamar un version de hierbas. Crecían dentro de hierbas salvajes. Se podía comer a duras penas. Sin embargo algo muy rico. Delicioso, aunque no eran blando, más bien duro para masticar. Huelen bien. Necesitamos hervirlo para comer, para eliminar los bichos contenidos. Todas las verduras parecían animales. Tuvieron pelo y olores corporales. Se nos clavó las espinas en la boca. Cuando las comeríamos de crudo, nos resistieron con mucha fuerza: “pata, pita”, hacia ruidos. Emitieron vahos bocados.

—Había razón porque niños pequeños no quieren comerlos ni una pizca. Por ejemplo en caso de la zanahoria, tenia un olor desastroso. Olían fuerte como un ajo. “Ja, ja”. Serían una verdura tonificante. Bueno, chico, con respecto a las verduras corrientes, a nosotros los saboreamos casi como un papel. Todos están domados, nos halagan a nosotros humanos. Perdieron el espíritu de rebeldía… creo.

—Tío, ¿quiere usted beber más?
 Le dije y llené su vaso con la cerveza. Debido la tercera vez, no se hacia mucha espuma.

—¿Puedo preguntarle un poquito más?
—Aha—El apache entornó sus ojos y, de repente, hizo el rostro duro. Y se enteró los dos dedos de la mano izquierda a la boca. Diciendo “qué quieres saber”, hacia hurgando la boca con los dedos, después pellizcó el hueso de ciruela y quitó de su boca.

—…A ver, ¿no se ponía una pluma o unas plumas erguidas encima de la cabeza… en caso de tu tribu apache?
 El apache viejo se quitó el hueso de ciruela salada desde la boca y lo rodó en la mesa de caoba. Acto seguido, con estos dedos tocó una parte blanca del papel de anuncio de gafas para secarse los dedos suyo. Por eso, se aparecieron dos líneas gruesas rojas en el papel del espacio arriba de izquierda al lado de la imagen de la madre de KAUCHI.
—¡Ya he caído! Aja, ja—río y chupando los dedos de antes a estas alturas otra vez.

—Bueno, te refiere las plumas que se ve en los libros de niños, ¿verdad? ¡Qué aburrido! ¿Necesitas alguna explicación? Me molestas…
 Sin embargo, el primero, este dibujo de la imagen de la madre no tenia ninguna diferencia con unas imágenes de una abuela de campesinos quien estaba disfrutando calentándose en el sol como una japonesa. Pues, con dos ríos de líneas rosas en el fondo: que tiene ,por supuesto, los extremos de las huellas digitales.

—Me han dicho que habían unos pueblos que solían ponerla cotidianamente, pero nosotros no. Nos las poníamos en raras ocasiones como cuando era año nuevo, los difuntos y el día de llegar a la edad del adulto.
“Vale”yo me entendí bien.
—Vaya, además cuando tenemos batalla.
—Pero, eso, ocurrió una vez en unos tres o cuatro años,¿de veras?
—Sí, exacto. No lo imaginábamos con estas plumas normalmente.

—¿No lo imaginaba normalmente con plumas?
—No… chico, por ejemplo… cuando imaginaba a otro, ¿nos atrevemos a poner las ropas de la fiesta o con HAGOITA (una raqueta especial en la fiesta del año nuevo) en la mano?
—Tal vez no.
—Por supuesto que no,¿verdad?
—Sí, señor—le respondí cortésmente como cuando contestaría a un oficial de la entrevista del examen de la colocación de la compañía. El apache asintió con un gesto de la cabeza que decía: “vale, pues, ya no tienes problema”. Y de repente ocurrió algo en su mente y empezó a hablar.

—Sabes, las mujeres huelen sus cuerpos… desde pliegues de la ropa: como olores de pan recién hecho, verduras frescas y carne salada. Los restos de olores de trabajos jornadas que se ocultaba en su cuerpo y ropas ya. Especialmente después de la disección de animales del botín de la caza, al menos durante la semana, huelen a sangre y restos de tripas.
Y indicó la figura negra encima del papel de la noticia.

 Esta tiene un olor de maíz. Se encontraba unos granos del maíz secos dentro de las ropas de cuerdas. Y se puede oler de las hierbas en los pelos negros. Además el aroma del sol del campo. Desde sus dedos emitían los de todos materiales. Así, maíz, hierba fuerte y humo del horno. Y lo de KAUCHI quien se acostaba y había dormido debido a la cansancio.
 La cara de apache se había ruborizado un poco. Sí, un poco de borracho. Resulta que mostró un color como de la manchas de vino encima del abrigo de Barbari.

—En la noche fría, la mamá vieja añadía leños. Los quemaban y humeaban con ruido como “pata, pita” dentro de la tienda. Entonces si no había viento, el humo había subido correctamente al arriba: nos podíamos acostar sin molesto, pero había un cierto viento se flameaba la tela de la tienda y el aire remolinó. Nos escocía los ojos, por eso, los ojos de la vieja tenían que ser estrechos… en las noches los viejos del pueblo tenían que vigilar el fuego toda la noche con los ojos abiertos.

 Se oyó un sonido chasquido de metal y de la puerta. La mujer pareció regresar desde compras. Devolví los vasos a la mesa y me incliné la espalda para ver por el corredor. Ella emitió la pequeña voz, “ahora estoy aquí”, pisando el suelo con ruido grande. Llevaba una bolsa de plástico de un supermercado. Imaginaba que ella hizo compras bastante.
—¡Ya me lo di cuenta!
 El apache emitió la voz grande. Volví a mirar su cara.
—Por eso las estaban quemándose y se cambiaban al negro las caras de mujeres. Mismo al carne ahumado. Jaja, ja. No había enterado nunca hasta ahora, acaso dudaba que las mujeres ganarían poco a poco el color negro en lugar de eran muy blanca cuando joven. Mal entendido. Ya he caído por la pensamiento.

—Bueno, tío, ¿su mamá también tenía la cara negra?
—¿La mía, se trata de mi mamá?
—Sí — contesté con un movimiento de cabeza.
 El apache, su boca sin palabras.
—Nada he recordado —así respondió y aferró el cristal de la cerveza.
—¿Acaso falleció mucho antes?
 A través del fondo del vidrio que él alzó, pude ver los orificios nasales muy negros.
—Te he dicho que no la recuerdo.
 Puso el vaso encima de la mesa con un sonido “paf”. Alzó los hombros y como estaba vigilando un mapa de espuma que se aparecía en los lados del vidrio de cerveza.
—No sé cómo debo decir…
 Los extremos de sus cejas bajaron despacio.
—Había pensado que sería una mujer con piel blanca…
—¿Sí?
—Sobre mi madre… en la memoria de mi cabeza. Pensaba en que ella tuviera la cara ovalada y muy blanca, casi enfermiza: como un conejo blanca en la nieve de invierno. Sin embargo me di cuenta de una cosa, más o menos después de la iniciación del adulto.
—¿A qué se refería?
—Vaya, este… este recuerdo era un poco raro.
—¿Raro?
—Sí. Era plana y ni siquiera se movían sus ojos abiertos.
—Eso.
—Tal vez, esta imagen de mi memoria debía referirse algún dibujo… cuando era niño lo veía, además desde muy antes. Esa con una cinta en la cabeza… diadema, la cara de la mujer que tenia esa diadema: me veía fijamente. Entendía que ella sería mi mamá: creía así durante largo tiempo. Sin embargo debería ser un dibujo pintando en el panel de madera, creo.

 Entonces me di cuenta de algo sobre él, en mi mente.
—Era blanca. Cuando quiera que recordase a mi mamá, ella tenía que tener la cara blanca, como la nieve. No había otra idea más.
 Y me miró con los ojos fijos, serios y dijo…
—¡Chaval!
—Sí.
—Vierte cerveza— dijo mientras me acercaba el vaso. En seguida llené su vaso con cerveza. Desde la cocina se oyeron sonidos “tok tok”, los de que suenan al usar un cuchillo para cortar algo en la tabla de picar.
 El apache estaba callado, observando el líquido amarillo debajo de la espuma en la que muchas burbujas minúsculas subían hacia arriba pareciendo bolas de ping pong.

 Entonces se oyeron ruido de pasos de nuevo y la mujer apareció. Ella tenía una bandeja en la que se veían dos grandes cuencos y cuatro platillos.
—Mira, tío, come esto: filetes de pescado crudo de atún y pepino adobado en salvado de arroz con sal.
 Ella puso los dos cuencos entre el apache y yo. Y nos repartió platillos y parrillas a cada uno de nosotros.
—Encontré ventresca de atún delicioso.
—Gracias. ¡Vaya!, este es ventresca especial, ¿verdad?
—¿A qué sí? —exclamó con alegría como una colegiala. —Sin embargo, tiene un precio barato como si fuese un atún graso. ¡Qué suerte que fui al mercado cercano a la parada del autobús! Prepararé un Sushi de CHIRASHI, espera un momento.
—¡No!, no puedes.
 El apache perdió la calma, de repente.
—Tengo una promesa que regresaría muy pronto.
—Y… ¿qué más da?
—Sí, me importa. Tengo un compromiso con mis nietos: volver antes del oscurecer. Ya he dado mi palabra.
—Muy mal. ¡Tú hiciste una promesa imprudente! Tío, puedes llamar por teléfono y rogarles.
—No, me reprenderán, seguro. No puedo llamarlos por miedo.
—Vaya, tienes mucha debilidad por tus nietos.
—Ciertamente, por eso solo picaré este atún y pepinillo. Y me voy pronto.
 La mujer me miró y río. Después se percató del UME-BOSHI y dijo.
—Este UME-BOSHI es el de aquel día— y añadió.—¿Qué dibujo es este?
 El dibujo llamó la atención de ella.
—Aha, ja ja; no es nada.
 El apache empezó a doblar el papel. El lápiz fue a rodó y chocó con el plato de pepinos. La mujer hizo un gesto significativo pero salió al corredor con la bandeja vacía.

         5

 El apache viejo se paró un rato y dijo:
—Oiga, la verdad es que —aspiró profundamente—salvo a la memoria de esta figura de la mujer blanca…
 Entonces, sentí algo muy extraño cuando él bajó la voz.
—Había solo “una cosa”… que me había evocado un recuerdo de mi mamá.
 Mientras miraba sus ojos, tomé la pasta de WASABI en un platito y encima añadí salsa de soja.
—Sin embargo… venga… si trato de confesarlo con mi voz, se oiría muy extraño…
 “A estas alturas usted no tiene otro camino que confesarse”,lo pensé, me dije internamente.
 Entonces saboreé un pedazo de atún: suave y delicioso. De repente de mi mundo alrededor se metamorfoseó en un color rosa como el de atún dulce. “Qué delicioso”
—…La carne— el apache dijo.
—¿La carne?
—Exacto.
 Justo me olvidé de lo que hablábamos.
—Quería decir la carne de bisonte.
 Pero no entiendo todavía.
—Te lo explico bien. Para nosotros, lo más agradable era el asunto de la carne de bisonte grande, entero, colgando dentro de nuestra tienda. A ver, después de la caza completa, solíamos hacer una fiesta con alboroto. Si no había ningún problema especial; nos permitíamos repartir el botín dentro de cada grupo solamente.
 Hicimos lavar y limpiar unas rocas lisas que estaban al borde del pueblo con suficiente agua. Allí expusimos los cuerpos de las presas. Entonces tanto los niños como las mujeres del pueblo: todos se reunieron y nos ayudaron la disección. Primero separamos la cabeza del cuerpo… bueno, eso fue después de que un hombre murmurase unos sutras. No te preocupes, solo tardó unos diez segundos. Y después, la presa se la dejamos a estos niños como un juguete. Debido a que ellos solían tener hambre, pelaron la piel con prisa y arrancaron carne de la parte de la mejilla y la devoraron. Dejaron los dos globos oculares en el suelo o se los dieron a perros y gatos.
 Después, ellos insertaron cuchillos y abrieron el abdomen. Luego todos estábamos ensangrentados. Clasificamos las tripas y metíamos minuciosamente cada parte en cubos de madera. Después de diseccionarlos, nosotros repartimos el botín adecuadamente. Desde luego separamos unos partes disponibles para los perros.
 Con mucho alboroto, saltaron y rodearon alrededor de las rocas pasando más el medio día, cortando las pieles, deslizándonos sobre la sangre del suelo y siguiendo las disecciones. Mientras estaban ejecutándolas, nos permitíamos exigir un parte rica del pedazo de carne a los adultos a cargo. Eso nos encantaba: era muy gracioso. A veces nosotros lo cortábamos con nuestros cuchillos pequeños.
 Resulta que comíamos cualquier cantidad que quisiéramos. No nos importaban. De todas maneras adultos y niños acababan con el estómago lleno. Cuando los hombres estaban agotados, llevábamos las bisontes sin cabeza a su casa, los niños ya estaban aburridos de jugar demasiado, lleno el estómago, y acababan por acostarse con sopor dentro de las hierbas. Vaya, es verdad que la barriga la teníamos hinchada como un globo de aire y nos dolían. Si no devorabas lo suficiente, evocaría las carcajadas de los adultos como si fuesen gallinas.

 Toda la noche vigilaban un fuego al lado de la puerta de la tienda. Era un conjuro contra los animales peligrosos. Se decía que estaríamos seguros con ese acto delante de la noche entera.
 “El acontecimiento” ocurrió aquella noche. Cuando di la vuelta en la cama, me desperté con un dolor agudo. Entonces vi la llama que emitía luces naranjas meciéndose en torno a la puerta, estallando. Fuera de la tienda todo estaba negro. De repente miré el techo dentro de la tienda, pero nunca pude distinguir nada. Baje la vista muy despacio, y podía ver la carne de bisonte colgada en la pared: una imagen del Salvador que estaba con una postura de brazos abiertos y el pecho explotado. Vagamente poco a poco va a revelar su imagen dentro de la tiniebla. Estaba todo rojo. Abiertas las patas, liadas y colgadas de vigas en el aire. Sin ninguna fuerza aunque tuviese los hombros alzados antes. Como es normal.

—Yo agradecía mucho y quería comer más, pero no… en mi estómago no me cabía más. No podía levantarme, mientras solo podía acariciar mi abdomen, me dormí otra vez. Se hizo de día. Acaso era en el mediodía. Al abrir los ojos, me sorprendí con la vista del entero mundo rojo. No sé desde donde, pero los rayos del sol se habían vertido en la tienda. Cuando mis párpados que todavía dormidos padecieron con las luces del sol, resultó que estaba rojo dentro de la tienda. Sin embargo, ni un alma ni hoguera, ya está apagada. Era extraño. No sé por qué el mundo se transformó en el color rojo de un fresa.
 Eso… era culpa de la carne. La luz del sol alumbraba por el hueco de la abertura del pecho del bisonte diseccionado: el hueco brillaba puro rojo y reflejaba toda la tienda. Como un incendio sin ruidos. Sentí un mareo por culpa esa claridad. Me levanté despacio y me acerqué a la carne, y manejando un cuchillo, le corté alrededor del muslo. Lo comí. En seguida la carne llenó suficientemente mi estómago. Me duele la piel alrededor del vientre. Justo entonces... sentí un calorcito en mi pecho y tuve la sensación de que yo estaba al lado de mi mamá. Que nunca he visto, pero estuviera por ella.
 Sin conciencia, me metí dentro del hueco central del bisonte. A ver… como si me estuviera envolviendo en su interior…
 El apache viejo abría los brazos formando una figura redonda. Parecía como cuando abrazas un tronco de árbol grande.
—La carne… estaba estrechando sus brazos y empezaba a envolverme suavemente. Me sentí mejor. Tal vez, no había tenido ninguna sensación como ésta, me sentía muy cómodo, con alivio y seguro.
 Los ojos del apache miraron al lugar muy lejano. Algún lugar fuera de la distancia en sus memorias pasadas, no sé. Acto siguiente, estuvo masticando los pedazos de pepino muy despacio, sin sonido. Después de un rato, pareció que sus ojos volvieron a este mundo: al lado del platillo de atún dulce.

—Extraño¿no?
 Ya recuperó la voz de un hombre que tenía nietos.
—No sé por qué, esta cosa tiene alguna relación con mi mamá. Pero no tiene remedio así solo está en mi mente. ¡Qué imbécil!¿no?
 No podía dar ninguna respuesta, solo hice un movimiento de la cabeza.
—Entonces alguien: un adulto entró en la tienda y, de repente, me despegó desde el hueco de la carne roja. No era para que no comiese más carne. Escuché que alguien dijo que “¡el chico está poseído por la carne!” Me dio unas cachetadas, a mi... muchas veces. No entendía nada pero, es decir, no estaba poseído por la carne. Solo experimenté una sensación agradable... Pero... por así decirlo... estaría como loco.
 Desde entonces él movía la mandíbula con las palabras incompletas.

         6

 Se oyeron ruidos como una bicicleta corrió traqueteando cargada de mercancías. Además se oyeron voces de castrati de niños que están regresando a casa.
—Que mal, ¡madre mía! Se me ha hecho tarde, en serio. Me va a reprender el nieto. Me voy ahora mismo.
 Alejó el vaso de cerveza y se levantó estremecimientos las rodillas en las que ponía su mano.
—Me volveré en tren— me miró y se rió.
—Venga, tío ¿es verdad que se va?
—Así es.
—Pero ¿estás borracho? has tomado mucha cerveza?
—Anda, chica, no estoy borracho por beber tampoco.
—¡Vaya, me miente! En la pasada visita, al volverse usted estaba muy confundido y equivocado con la estación, debido solo a una botella de cerveza ¿no?
—Éste estaba… mira, a ver…
 El apache trataba de decir algo más, sin embargo no pudo emitir ninguna excusa, solo se reía.
—Muchas gracias. Todo me apeteció delicioso.
 Va hacia la entrada a tientas con los pies parecía sentir las mallas del tatamiI. Tal vez parecía que tenía prisa en su mente. Se apoyó en un pilar de la entrada con sus dedos robustos y trató de meter un píe en los zapatos limpios que están brillantes. El zapato perdió el equilibrio, por eso se giró una vez.
—¿Estás bien?
—¡Sí, estoy bien!
—Toma el tren semiexpreso o uno local; y haz transbordos en caso de local en la cuarta estación, con el semiexpreso a la siguiente estación, ¿vale? Depende del andén que sea uno u otro lado diferente, así tiene que subir la escalera y, no te equivoques, porque los rumbos son opuestos.
—¡Ya lo sé!
 El apache viejo empezó a enojarse. Yo me puse las zapatillas y le dije a ella:
—Voy a la estación para despedirlo.

          7

—¿No se olvida nada?
 Le pregunté. De repente él se metió la mano mientras andaba en su bolsillo del pantalón y lo hurgó. Después me enseño la cartera suya.
—No, no me olvido nada, mira.
—Aha, entiendo.
 Tras asegurado y le miré a los ojos, el apache pareció sentirse aliviado y se puso la cartera en la bolsillo trasero.
 Nosotros andamos por delante del vidrio del video club y un edificio del banco local, yo estaba tocando las vallas de alambre del parking.
—Me han encantado, de verdad.
—¿Eh, qué quieres decir?
—Los cuentos. Son muy interesantes.
 Así, he dicho al apache.
—¿A qué cuento te refieres?
 Él me mostró un rostro como que “no entendía nada”.
—A ver… como la historia de la disección de bisonte.
—¿Bisontes?, no es nada curioso, sino durísimo, más que imaginarlo.
—Vaya—respondí.
—A nosotros nos dolía la barriga por culpa de llenarla con carne casi una semana. Mientras entonces, olvidábamos las otras cosas, por ejemplo, la caza. Todos los días bailábamos y cantábamos: estábamos alborotadas del júbilo. Queríamos volver hambre para tener más capacidad de comer: aún una más pizca de carne. En sueños siempre soñaba unos sueños en que caminando en la pradera de carne. Teníamos torturas, suplicios del paraíso puro.
—A ver, ¿no guardáis un poco de carne?
—¿Guardamos?
 En seguida me fulminó él. Casi yo habría hecho aguado su sentimiento.
—¿Cómo podemos atesorarlo? ¿Sabes? eran grandes, qué quieres hacer después estarán podridos al desastre. Solo evocarán muchas rapaces enormes”¿no?” Es solo “una semana” precisamente. Mientras una semana, no hay otro sentido, devorábamos carne del bisonte. Cuando nos pasó una semana, paramos comer. Desde entonces empezamos a mantener el tiempo sin comer: si habría sido con el estómago vacío y los huesos y pieles. No hay otra manera. Empezamos a manejar fuego y humo dentro de cada tienda. Habíamos quemado el resto de la carne.
 Otra vez nosotros comemos patata y hierbas. Los niños volvieron a ser los chiquillos hambrientos. Empezamos a pensar otra vez, ¿cuándo nos volverían los alborotos como esas? “Una semana”. Sí, justo una semana.
 He recordado algo con esta palabra, ¿en donde y cuando? Me parecía sentir misma cosa antes, ¿acaso sabía la vida de los apache?, increíble.
 Cuando curvamos al esquina de la tienda de cacharro, yo refresqué algo.

         8

 Una memoria del pensión, en Koenji, hacían casi diez años. Sí… hace diez años más o menos, había un acontecimiento: lo de mi amigo quien vivía en Koenji. Eso quiero referir que yo también tenia una memoria de la cabeza de un toro… no era de bisonte.
 Un día mi amigo me llamó por teléfono. Dijo, “te necesito; ven a mi cuarto de la casa de huésped esta noche, por favor”. Mi amigo, entonces, parecía estar algo nervioso. Me provocó que mis expectativas creciesen. Colgué el auricular negro e hice una reverencia a la dueña la pensión y me volví a mi habitación.
 En esa época universitaria, nosotros solíamos valorar, por ejemplo, a los que obtenían entrada reducida de tarifa o entradas gratis del cine, como un asunto maravilloso. Y cuando hacíamos fiesta con alcohol, pedíamos copas de sake barato con tapas sencillas como sardinas ensartadas por los ojos, o tofu frío. O en las mañanas, lo más importante era que llegaríamos a tiempo a la cafetería a las diez y media para que nos sirvieran un plato especial de la mañana. Mientras pasábamos semejantes días… Mira, entonces la llamada de mi amigo de Koenji me provocó y evocó la atención suficiente de mi expectativa.

 Al final, alrededor de las siete de la tarde, llamé a la puerta de mi amigo.
—Entra— sonó su voz y entré en su cuarto donde se veía a mi amigo metiendo sus piernas en el KOTATSU(una meza camilla a la japonesa ) mientras se ponía un HANTEN una chaqueta veraniega japonesa. Un bombillo de luz, cúmulos de libros, muchos bustos de yeso de figuras académicas y caballetes: como siempre. Era un estudiante de bellas artes. Había un panel de madera con un papel grueso secado y puesto en el caballete, que tenía una figura desconocida bosquejada con carbón. Sin embargo, había algún matiz, algún sentimiento extraño, diferente a lo de siempre.
—Es aquello— mirando un poco hacia atrás e indicó a la ventana saliente. Había algún bulto grande desconocido envuelto con papeles de periódico en el espacio saliente de la ventana.
—Esto es… una cabeza de toro.
 Así dijo y bostezó una vez.
—¿Una cabeza de toro?
—Ciertamente.
 Entonces, de repente, me había enterado de que los papeles de periódico no estaban rodeando algo blando, sino que estaban pegados y apretados encima de algún trozo bastante grande… y parecía ser muy pesado. Además tenía un volumen del tamaño de una estufa.
—Tal ves sea solo “una semana”.
 Vaya, estaba todavía en la excitación de mi expectativa desconocida. ¿Qué nos ocurrirá?
—Justo en la mañana de hoy, cuando hacia aire templado… lo olí.
 Mi amigo me mostraba un rostro de dificultad y sonrisa con una molestia.
—¿Que oliste?
—Demasiado grande¿no? Primero, quería hacerlo yo solo, pero si tardase hasta el amanecer, podría un problema. Me gustaría completarlo con diligencia.
—¿Y a qué cosa te referías?
—Me refiero a que lo vamos a enterrar.
 —Fui a Kitami para recogerla. El primer día de la semana pasada: después del día de la nevada grave. Debía cumplir mi promesa. Me puse las botas ya que hacia buen tiempo, fui en tren. Alrededor de estos campos me sorprendió que por el reflejo del rayo del sol fuera de la ventana del tren, la verdad es que, el paisaje se estaba metamorfoseando al mundo del plato blanco.
—En primer lugar, no podía imaginar ni una pizca, en cuál lugar viviría este hombre de media edad con la alta talla. Así andaba a vendiendo por unas academias locales y desparramando en todos sitios “Señor, oiga, tengo un craneo de toro bueno que será conveniente para estudiar bosquejo de dibujos”. No me diga mentira, eso no es un craneo sino que es un parte de la cabeza cruda del cadaver del toro. Tiene un juego de cabeza: con los ojos completos y el cerebro entero dentro de ella.
“Si comprase en la tienda de bellas artes, ¡ojo!, le costaría diez mil yenes. oiga, en mi negocio, cuesta solo dos mil yenes ya. Sin embargo, tiene solo un poco, un poco de resto de carne… no te importará, si lo enterramos un rato en la tierra, le quitaríamos claramente. Una cosa sobre los ojos, vas a arrancarlos con alguna cuchara por favor. Aha, como ahora en el invierno se puede comer la carne de las mejillas, no te preocupes. En vez del precio barato, te ruego recogerla en mi casa”.

—Así que fui allí. Estaba en el campo muy auténtico. Bajé del tren, de la estación indicada, busqué la casa con la hoja del mapa que él me dio antemano. Vaya, la casa tenía un jardín bastante grande, parecía un jardín infantil. Desde la puerta hasta el lugar de la entrada, no había pista de ninguna pisada encima de la nieve completo. Estábamos en domingo, por eso, todavía no se había levantado… tal vez.
 Pisando el suelo de nieve, llamé al timbre de la puerta. No había respuesta. Todo el entreno era claro y tranquilo. Ya empezó a disolverse la nieve del techo, cuyas gotas caían al suelo y hacían agujeros a la tierra. Me sentía feliz. “Voy a obtener un hueso de la cabeza del toro, que tiene los cuernos enteros y chulos”. Un rato después, el hombre al que fui a ver apareció, diciendo “hola, hola”, en bata. Quería dar la bienvenida. “¿Quiere entrar en la casa o quiere empezarlo antes?”, así me preguntó. Dije “antes”.
—Tiene razón.
 Y él giró hacia un jardín detrás de la casa pisando la nieve con las sandalias.

 La verdad era que me paralicé. En este jardín trasero habían unas estanterías de madera ruda, en las que habían puestas dos masas misteriosas de color rojo como una enorme fresa. Eran dos cabezas cortadas de toros. No pude aceptar esa escena, aunque el hombre bromeó algo entonces. La cabeza tenia su propio nariz tierna, sus pestañas y sus globos oculares. También se veían dientes blancos. Por supuesto, salientes dos cuernos.
— Pero ya no tiene orejas, tal vez fueron quitadas y machacadas como alimento para cocinar.
 Él estaba dando una explicación mientras daba golpecitos repetidas en las mejillas del toro.
— Vaya, usted no tiene nada para llevarlo, como una mochila. ¡Qué pena! Desastre, si no tiene ni mochila. Bueno, yo voy a atarlo muy bien con unos cuerdas.
 Él la envolvió con papeles de periódico y papeles envueltos muchas veces, luego ató severamente con cordones de cáñamo e hizo que pudiera llevarlo. Estaba en pánico. No podría llevarme esta cosa en público. Dudé si pudiera llevarlo en calma.
 Desde entonces, el largo camino de regreso, aunque en tren, a él le costó mucho recordar ese tiempo, cómo esquivar el alborotado espacio de Shinjuku, El amigo lo dejó una semana atado en el espacio de la ventana saliente.
— Sin embargo, ya me he acostumbrado a esta cosa. Básicamente la he querido mucho. Pasábamos las noches de una semana, aunque no me importarse mucho. Desde su apariencia a primera vista, descubrí muchas cosas interesantes. De todas maneras, por fin ya es mía. Como las otras figuras de yeso, es un miembro más de mi familia. Pero… entiendo que empezó a pudrirse desde esta mañana. Debería haberlo enterrado enseguida. Tú también ¿puedes olerlo?
 Yo no podía recordarlo bien. Es muy normal que se huelan distintos olores en distintas casas. Él dijo, “depende del movimiento del aire…, venga aquí, por favor”. Después de movernos, ciertamente podía sentir un olor algo extraño.

— En primer lugar el tamaño es demasiado grande, por eso será duro abrir este envoltorio por mi mismo. Es difícil hacer excusas, por ejemplo, si me encontrase a otra persona, que le digo… “ ¡hola, buenas noches!, mira, solo estamos enterrando una cabeza de toro”. Sin embargo, entonces nosotros dos podríamos vocearlo a coro, sonaríamos alegres.
 Dudé si seria alegre la verdad. El acto en que llevaban una cosa enorme como un tomate maduro colosal a las dos de la madrugada con dos hombres.
 Mientras hacíamos tiempo, jugábamos a la baraja o discutíamos sobre filosofía, así matábamos el tiempo. Cuando llegó la hora: a las dos, el amigo dijo: “ahora vamos”.

 Abrió las cortinas y las ventanas hacia fuera. Nosotros teníamos una linterna eléctrica en la mano. Después saltamos a fuera con las sandalias puestas. Empezamos a cavar la tierra la cual estaba sumida en la mayor oscuridad con la pala. Mi amigo puso el pie en el alféizar de la ventana y empezó a medir el tamaño del cráneo del toro.
— El lado largo: 72 centímetros, anchura: 38 centímetros y la altura: necesitaremos unos 60 centímetros.
 Cavamos y medimos muchas veces. Nosotros temíamos equivocarnos al medirlo, ya que no queríamos tocar la piel tierna del toro muchas veces. Porque ya empezó a pudrirse.
— Muy bien— dijo el amigo.
 Ya se nos enfriaron nuestras manos, y los búhos blancos bailaron en frente de las luces de las linternas. Nuestro cuerpos se calentaron. Mi amigo estrechó sus manos a la ventana saliente y empezó a despegar los papeles envueltos hoja a hoja y los echó a la bolsa de plástico. Estas hojas de papel tenían muchas manchas de sangre como unas vainas de brote de bambú con las que habían envuelto la carne de sukiyaki. Al fin y al cabo esto era también carne de toro con su cráneo y todo. Después de que quitásemos todos los papeles, apareció la figura de la cabeza entera. No estaba en colores rojos, sino negreada. La superficie de los ojos tenía una capa blanca turbia y las pestañas pegadas para dentro. Olía.
 Mi amigo agarró un cuerno con la mano derecha y la nariz y mandíbula con la otra. Cuando alzó la cabeza con el poder de sus manos, las pieles de la superficie se deslizaron y se deformaron un poco. Después de que la enterró en el hueco, no volvió a estar como antes. Con movimiento lento tapamos el hueco con barro. Nosotros pisábamos sobre la tierra. Y la tierra del lugar permaneció blanda como pan blanco.
 Así, nosotros dormimos profundamente hasta el mediodía sin saber cuando amaneció.
 Estaba claro en la mañana. Abajo de los matorrales, los restos de nieve se formaban sólidos. Mientras tanto debajo de la ventana, la superficie del tierra se elevó como un sepulcro y tenía varias capas de barro nuevo.


         9

 El apache se paró de repente al lado de la tienda de cacharros.
—¡Caramba!
 Con la postura de inclinándose hacia adelante, parecía que pensaba algo un rato. Estaba observando el escaparate de la tienda en que se mostraban unos cuencos rojos de cerámica, productos del Tokoname, y el vidrio los reflejaba doblando las imágenes de la taza roja y la figura del apache envejecido. Alzó su cabeza y se volvió hacia mi.
—Tengo que comprar algunos regalos para los nietos.
 Así dijo y avanzó hacia la tienda de juguetes que se veía delante. Lo sigo yo. Agarró un paquete de fuegos artificiales y se lo llevó a una dependiente. La dependiente le aconsejó, ”Si usted planea regalarlo a sus nietos, pienso que sería mejor otro que tiene un dibujo especial de DORAEMON”.
—Eso mejor, lo compro —y le ordenó dos para envolver y llevar. —tengo mucho miedo.
 Dijo así y estuvo caminando con un rostro de alegría. Yo estaba callado un rato. Acto seguido, agregó la palabra, “mis nietos no me reprenderán, aunque les regale más fuegos artificiales”.
 Cuando llegamos a la plaza de la estación, le pregunté ;
—¿Después de la llegada de las neveras, cambió la vida de los apaches, verdad?
El apache suspiró “sí”, mientras estaba chocando su cadena a una bicicleta del aparcamiento.
— …Solo me lo pareció… bueno, sí, nos cambiamos.
 Desde la entrada de la estación, al fondo, el final de las escaleras que parecían un hueco de tubo rectangular. Él agarro la barandilla del lado de la escalera.
—Mira, bueno, las neveras son muy útiles. Gracias a esas máquinas nosotros podíamos trazar los planes de caza necesarios. No necesitábamos devorar demasiado en poco tiempo. Comeríamos en orden los alimentos adecuados.
 Entonces el apache respiró hondo. Subimos todavía tres peldaños.

—Pero…. ¿Qué sería la felicidad? ¿Y no eran necesarios nuestros dolores de barriga de entonces? Nuestros alborotos locos?
 Se veía la figura de DORAEMON dibujado saliendo desde la bolsa colgada.
—Desde esa época, se hacia solo el material de “carne”.
—¿Eh?—dije mientras subía la escalera muy despacio.
—Bisontes… quiero decir…—parecía que estaba buscando palabras para expresarlo bien. —Quiero decir, bueno, ¿cuando tú comes un bistec, sueles nombrarlo a él mismo?
—No.
 Le contesté apresurado.
—La verdad es que… todos los bisontes tienen su propio nombre. Aunque no eran nuestro responsabilidad, pero por supuesto que los bisontes tienen nombre como TARO o JIRO, seguramente.
 Decía subiendo la escalera y agitando la mano con los dedos nudosos.
—Por ejemplo, “el bisonte que nos atacó a nosotros”, “el que le hirió al jefe” y “el que tiene un divieso”. Precisamente tiene nombre propio.
 ¡Exacto!, pensé.
—A esa forma de sujetos vamos a separarles el vientre. Había uno que tenía “el estómago enorme”, y “el hígado enfermizo”. Sin embargo, uno a uno , cada toro debe tener cada nombre. Mientras tanto se cambiaba una simple carne, solo eran uno de tantas materiales de alimentación.
 Desde las ventanas, figuras oblicuas a un lado de la escalera, se veía un tren verde deslizándose en el andén. Parecía un tren con rumbo contrario, dirigido a la ciudad.
—Hoy en día la gente de aquí no entendería esto: creen que la carne se hace en la fábrica.
 El apache estuvo callado. Tras un rato ambos nos metimos en el silencio. Sin embargo, fue solo mientras sabíamos cinco peldaños, creo.
—Yo también tengo un recuerdo propio de que trataba una cabeza de toro.
 El apache expulsó aire “¡Humm…!”
—¿Lo criaste?
—No, solo la había enterrado entonces, una cabeza de toro.
—¿Solo… la cabeza?
—Sí— contesté.
—Uf… qué pena…
—¿Eh?— volví a preguntar.
—Porque ya habíamos comido las otras partes, hombre.
—¡Jajaja!—reí.
—Aja, deberías meter la carne en la nevera.
—Vale, pero nosotros tampoco teníamos nevera— así se lo expliqué al apache.
—¿La comisteis?
—…No, nada de eso.
—Era difícil, tal vez —dijo con carcajadas.
—Estaba podrida.
—Se podía comer solo durante una semana, incluso en el invierno.
—Exacto, solo una semana.
 Yo, entonces, pude responder con certeza.
—Es bueno enterrarlo porque sería un buen abono orgánico para la huerta.
 Estaba agitando el brazo con la bolsa de los fuegos artificiales.

 ¡Mira!, ¿donde desaparecieron los restos de carne y los ojos grandes como un platito de café? Después de unos meses: el cerebro y los globos oculares del cráneo del toro se habían transformado en un solo hueso único de cabeza del Sujeto-toro con barro negro pegado y bichos blancos pequeños saliendo como las de flores. Había quitado estos bichos junto al barro con agua de manguera. Luego, se convirtió en objeto bueno del taller de arte.
 Así, la cabeza del toro era un objeto de estudio, mientras que el cuerpo había envuelto al niño que era el apache anteriormente. Se puede decir que el poder del alma del animal marrón persistía. Aunque le mataron, mantenía su poder. Aunque había sido abierto su pecho, escupió sus bichos hacia fuera, de este forma el apache y yo quedábamos relacionados.
—Tío, me temo que usted perderá el tren adecuado por alguna equivocación.
 A él le indique la máquina de la taquilla.
 El apache llevando el paquete de fuegos artificiales de DORAEMON, arqueó las cejas y me dijo “¡De acuerdo!”, riéndose de mi.
 Entonces, estaba justo llegando un tren, de color plata y vagones brillantes como acero inoxidable, hasta el andén.

Fin

Palabras finales del autor

Yo, cuando joven era totalmente un estudiante de bellas artes. O siempre era un hombre que estaba dibujando o pintando. En los años que me preparaba para la universidad de bellas artes, tenía muchas herramientas de dibujo y unos enormes bustos de yeso para dibujar en mi dormitorio. Por ejemplo, Marte, Bruto, Agripa, Venus, un Guerrero Romano y uno más… sería, Ariadne o una máscara de niña… no sé. Era un pequeño cuarto fantasmal.
Cuando todavía tenia pocos bustos de modelo, lo que quería obtener era un cráneo de cabeza de toro. Todas las épocas tienen su corriente. Entonces ese hueso de toro era un objeto exigido por los estudiantes de bellas artes. Por eso, se vendían también en las tiendas especializada de bellas artes como famoso “Sekaido”. Sin embargo, salvo a los artista que tienen dinero, los alumnos pobres no alcanzaban a obtenerlos debido a la falta de dinero. Ya sabes, se dice que los estudiantes solían conseguir estos objetos siempre con ciertos truco.
Si hubiera demanda solicitación suministros. Apaparecieron hombres de negocio frente estudiantes. Con alegría, yo acepté este negocio: hasta entonces yo ganaba unos premios en la competition de óleo cuando era alumno del instituto, con una pintura dónde pinté un craneo de toro en la sala del club artístico en la escuela.
El estudiante de bellas artes que aparece en la novela era yo mismo y la anécdota de la historia en la segunda mitad es todo verdad. El protagonista de ese asunto, que parecía casi clandestino era un amigo mío de mi misma tierra natal; quien estaba aprendiendo Filosofía de Hindú en una universidad. La condición del narrador y su amigo; si estuviese al revés, provocaría que esta anécdota no fuese una ficción, sino una historia de veras.
Sobre el apache: salvo ser apache, como aquí en mi novela, redescubrí a este hombre que era naturalmente simpático. Él era de Fukushima, pero, me parecía que él sería un apache auténtico seguro. No sé por qué en esa época yo siempre investigaba sobre los indios nativos de América del norte, y me encantaban. Además junto a esta situación, se agregó la imagen de un famoso óleo de Rembrandt que mostraba un cuerpo de toro diseccionado. Y se acumuló a esta novela. Como a tientas estaba escribiendo la historia, después de la segunda parte por casualidad surgió una en la que anécdota de la cabeza del toro me poseía y yo recordaba, como el clímax del cuento.
 
Puedo disfrutar mucho ahora, a estas alturas, con los episodios de entonces que he escrito en la novela. No puedo decir que este libro sería una auténtica publicación. Pero, gracias a mi amigo el respetado Sr. Ueda, decidí dejarlo así como un libro pequeño.
Sr. Ueda, le aprecio mucho.

El Apache en La Tarde

2023年9月 発行 初版

著  者:Tío ASAEDA
発  行:Fantastico co.

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