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Palabras del autor
Las emociones de mi adolescencia son como si tuviesen cola, creo. Además observaba esa cola, se ve muy, muy larga. Es decir, no llega al fin de la adolescencia. Aún en los días de los mayores, ahora sí, me he enterado que siento alguna cosa enredarme los pies: ¡la cola de la esencia terca de mi juventud! Es demasiado larga.
Uno de mis cuentos antiguos y ajenos, sin embargo, todavía está trayéndome, así me acuerdo ahora. Pero no lo identifiqué bien. Resulta que es la misma cosa de lo que estaba buscando antes...pienso. Viendo mi cuento, entendí que tiene el cuerpo autentico de los adolescentes que sostiene las memorias abundantes de entonces.
Así que, esta vez nuevo, quería participar en el papel de ilustrador. Los dibujos funcionan como los de los cuentos infantiles de Andersen. Los matices de los dibujos eran desiguales. Porque "la cola" está sin tranquilidad. Por eso, la herramienta de pintura era solo un bolígrafo que estaba cerca de mi entorno.
13 Abril 2022
Tio ASAEDA



PEREJIL

Tio ASAEDA

Esta novela es publicada en privado. Ejemplar solo para disfrutar y leer. No se ha imprimido ni publicado. Si pudiese usted leerla, sea muy amable de darme su impresión u opinion. Muchas gracias. (2025)

Título original : パセリ:Perejil
Autor: Takanori Asaeda
Traducción :Takanori Asaeda
Ayuda de la traducción : Álvaro E.Vento Acosta
Dibujos : Takanori Asaeda
E-mail: asaedaojisan@yahoo.co.jp. / Japón, Tokyo
Derecho de la novela y los dibujos : Takanori Asaeda

Título de los capítulos
1."Blanquita"
2. El dueño del restaurante
3. Los laboratorios raros
4. El sendero serpentino
5. El Sr. Solzhenizyin
6. El cuento del Sr. Solzhenizyin
7. La enseñanza del Sr. Morsa
8. Gelatina azul
9. El desconocido
10. La fiesta de los fritos de langosta
11. La hermana difunta en DAIREN
12. La soledad en la piscina
13. Un suicidio
14. La fiesta de té en la tempestad
15. El monólogo
16. Madonna
17. El ramo de Perejil












“Y empezó otra vez: «Me pregunto si caeré atravesando directamente la Tierra… ¡Qué divertido sería aparecer entre gente que va patas arriba! Las Antipáticas, creo que se llaman»(no poco se congratuló esta vez de que nadie la escuchara… )”
                   Lewis Carroll
       Alicia en el país de las maravillas (1865).
Blanquita se encontró el restaurante

Capítulo 1 “Blanquita”

         1990 en el verano

— Vaya, vaya. Gracias por venir hasta aquí.
 Dijo el dueño del restaurante de Soba, secándose las manos con la punta del delantal. Yo incliné rápidamente la cabeza como un chico de beísbol y dije:
— Mucho gusto.
 En ese momento yo tenía diecinueve años, sin embargo me costaba creer que fuera a tener veinte años justo dentro de siete meses. Desde luego ya tenía un cuerpo lo suficientemente alto como para declararme una auténtica adulta. Pero creía en algo... que un día Dios me entregaría “el diploma de adulto”. Pero ¿cuándo? y ¿dónde? Estaba buscándolo y al final, he llegado aquí: este restaurante.
 Ahora bien, cuando descubrí en los paisajes frente a mis ojos que los árboles estaban brillando como los ramos de perejil y los senderos estaban luminosos como el desparramamiento de azúcar granulado, me alegré como una niña como siempre. Sin embargo la superficie de mi rostro físico fingía estar tranquila. Creo que me pareció una mujer bien educada y con paciencia, porque entonces no tenía a nadie al lado a quien coger de sus mangas y decir: “¡Mira, mira!”
 Debía conseguir algo mejor de cualquier cosa... Como la licencia de la ceremonia del TÉ, del arte de las FLORES, alguna licencia de asesor fiscal o de agente inmobiliario... No sé. No tenía ni idea a este respecto, pero debía ser alguna otra cosa necesaria que, de momento, no podía preverse.
 Pues, esa situación parece como “un dibujo sencillo para colorear”. Todavía había algo del espacio en blanco sin color que había estado esperando colorearse. Yo quería demostrar mi situación, en la que me sentía blanca e inocente, por eso, simbólicamente me ponía vestidos blancos y vaqueros sencillos y me atrevía a cortarme el pelo muy corto. El peluquero, al principio, parecía muy preocupado, pero después mostró el sentimiento con alegría: — Muy bien — susurró. Los ojos detrás de sus gafas parecían casi felices. Parecía que le gustaba mucho cortar el pelo, especialmente el pelo largo.

 Ahora estoy de pie con el cuello desnudo como un chico frente al edificio de la universidad que tiene forma de “U”. Pues, me gusta. La universidad estaba dormida rodeada de árboles sobre la tierra un poco hundida. Las paredes envejecidas de color oscuro. Las ventanas de vidrio reflejaban las luces a su alrededor con un color plomo. Dentro de la tierra, que estaba un poco descendida a la altura de las hortensias, estaba el restaurante de Soba.
 Me veo obligada a trabajar como “DEMAE-MOCHI”, repartidora de comida. El restaurante por dentro estaba limpio y brillaba pero la a vista exterior estaba polvoriento. Abriendo la puerta de vidrio, podría ver hacia fuera un camino seco como el desierto. Se parecía a un rastro que había arañado de un tirón con la pala mecánica. Solitario, parecía el herido de sangre roja, triste y lastimoso. Unos plazos después me he enterado que cuando llueve, al día siguiente el sendero se vuelve un barrizal como la sopa dulce de judías rojas.
 Solo había un único camino que llegaba hasta la universidad, parecía una manguera que se mueve y avanzaba por el matorral. Por las diversas vistas, el camino siempre parecía uno de los otros caminos distintos. Hasta la estación de la línea privada habían quince minutos caminando, y desde la estación, se puede llegar a la ciudad bien conocida con otro más de quince minutos en tren, nadie se atrevería a vivir aquí. Se veía en el barrio, la factoría enigmática y los laboratorios misteriosos. Aún solo algunos huertos caseros de desconocidos se desparramaban por el campo.

 Aunque creía que mi trabajo sería repartidora de comidas. Me limitaban como encargada de las tareas de interior sin salir del restaurante en los primeros diez días. Eran de camarera y lavaplatos.
— Me permites — dijo el dueño,— dentro de poco, cargaríamos la petición de llevar las comidas a los clientes, seguro.
 Me animaba de espaldas cuando yo estaba arreglando los estuches de palillos de madera sobre las mesas. Estábamos ocupados. La verdad era que no había ocio en el trabajo. Desde diez de la mañana hasta muy tarde, los numerosos clientes entraban y salían. No teníamos tiempo de sobra. No podía pensar nada. Casi olvidaba los sabores de las comidas, ¿qué eran los tallarines de TANUKI, los tallarines japoneses de CURRY y el tazón de OYAKO? Todas las comidas llevadas eran solo los signos de algo pasando frente de mis ojos. O eran solo un peso en mis brazos, es decir fueron meros pedazos calientes de color amarillo y marrón. Los palillos, como la leña de madera, que sacaba de una bolsa de plástico y arreglaba los estuches situados encima de la mesa, luego volvería retirar los palillos usados dentro de la misma bolsa de antes.
 A duras penas, cuando me pareció que había consumido unas docenas de troncos de madera del bosque ecuatorial de Asia, hasta entonces, ¡no me enteraba que los clientes estaban comiendo algo!, ¡Ah! Además los clientes eran los universitarios. ¡Igual que yo: los universitarios! Al fin me enteré.

La universidad

Capítulo 2 El dueño del restaurante

 Se formaban manchas negras de las sombras de las hojas de los árboles, una a una encima del sendero blanco, cuando hacía viento todas las manchas se movían y se bamboleaban. Así me entero de que ya estamos en auténtico verano. Había descubierto que las hojas ocupaban el espacio de los rayos del sol. Resulta que ocultaban el cielo de mi vista.
 Los universitarios disminuyeron poco a poco. De hecho, los universitarios que venían alrededor de las diez de la mañana para tomar el desayuno habían desaparecido. Sin embargo, como siempre, el dueño no dejaba de hacer la sopa de soja de todos los días.
 No obstante, este restaurante de Soba era un poco raro. Tiene el menú de "Desayuno" que tenía una sopa de soja, unas verduras cocidas y un pescado seco con nabo japonés cocido. Algunas veces cambiaba los contenidos del menú, pero siempre se ponía un precio que dejaba un cierto margen sobre el coste de los productos. Si el precio del mercado cambiaba, elegía otros ingredientes, otros pescados y los contenidos de la sopa para ajustar el coste. Además, no sé por qué el menú tenía diferentes tipos de CAFÉS, como Blend, Moca y Café Solo; todos estaban escritos alineados en el letrero de la pared. Sin embargo, nunca vi a ningún universitario que pidiera el café de Moca.
—Vaya, vaya...
 Dijo, el dueño arqueando los rabillos del ojos.
—Tú podrás recibir muchas peticiones de café en seguida, ¡seguro!
 Como una predicción que hizo con gesto teatral sudando las gotas una tras otra sobre la frente estrecha.

 Ya estamos en la época de las vacaciones de verano. Había un sujeto universitario que todavía no desapareció. Al mediodía, tomaba el almuerzo, por la tarde comía tallarines UDON y sacaba un libro de la bolsa y leía unos quince minutos con alguna vacilacion.
 Cuando salío, me miró un rato, y después se fue a fuera. Despacio, alargó la mano para darme unas monedas y ponerlas en la palma de mi mano. Su uña me tocaba la piel de la mano, entonces dije con voz alta:
—¡Muchas graciaaaas!
 Él meneó los ojos ocultos dentro del mechón. No sé porque el dueño, de repente, desvío la mirada. Sin embargo, el rostro de este sujeto ya estaba fuera de nuestra vista y, de repente, empezaron nuestros tiempos de ocio.

 Inmediatamente me ocurría algo inquietante. Me parecía que estaba todo el tiempo ocupada como si estuviera en un sueño o en una mentira. Dudaba de si sería verdad que había estado trabajando aquí. De nuevo miraba al techo de la sala atentamente. Descubrí las tablas contrachapadas del techo curvarse con el peso de los fluorescentes. Muchas hojas del letrero del menú escrito con el MAGIC INK estaban pegados a la pared. Trataba de leer cada hoja de los letreros. Hasta entonces, sí, había muchas cosas que yo tenía que llevar y repartir por las mesas todos los días.
—¿Quieres sentarte ?
 El dueño me propuso desde la cocina.
—Ah, sí.
 Como un cliente que viene por primera vez, me senté en la mesa sobre una silla redonda y sencilla.
—Aquí tienes té.
 Yo pegué un respingo. Él vino con dos tazones de té.
—¡Lo hago yo!
 Me levanté de repente. Él agitaba la mano con sus dedos alineados y entornaba los ojos.
—Vaya, no te preocupes.
 Él también se sentó al otro lado de la mesa con un tazón en la mano.
— Blanquita, ¿eres de la tierra del sur, verdad?
—Eh, sí.
 ¡Blanquita!, eso significó para mí. Debido a que me vestía con ropa blanca, me llamaba con este apodo. Bueno, este apodo había acertado mucho con mi personalidad, por eso, esta forma de llamarme me hacía muy feliz.
—¿De dónde te parece que soy yo?, Blanquita.
 Él también se puso una bata blanca. Además se secaba las manos con el delantal blanco, añadiendo;
—¿Se puede ver que soy japonés?
 Mis ojos estaban espantados y se pusieron a vigilarle. En sus rabillos se puede ver "Las patas de gallo", el cabello lo tenia un poco blanco, la nariz redonda y la piel roja como siempre.
—Vivía en el Continente China.
—¿Usted es de China?
—No, no soy chino, soy japonés. Después de la Guerra Mundial, me mudé a Japón desde China. ¿Has escuchado el nombre de la ciudad DAIREN?
—¡Ah, no!, solo sé este nombre, no conozco más ...
—Tienes razón. Pues, eso significa, en resumen, un país norteño.
 No tengo ni idea de qué preguntar. A mí me costaba mucho entenderlo. DAIREN..., ¿qué diferencia había con Manchuria? Hubo una guerra allí. Hubo un ejercito llamado El KANTO-GUN, no sé. Dije:
—¿Allí nació usted?
—No, no nací allí, nací en ISHINOMAKI pero ya no lo recuerdo. DAIREN tampoco. Han desaparecido de mis recuerdos ya.
 Solo guardo en mi memoria los rayos luminosos y las sombras oscuras alrededor de mis pies.
 Sin dejar de sostener la taza de té en su mano izquierda, recogió el periódico: El MAINICHI de encima de la mesa. Acariciando con la punta del índice la parte de la columna del artículo de los huérfanos de la última guerra mundial.
—En ciertos casos, sería un huérfano de guerra.ー Dijo. De repente, se levantó de la silla y fue a horno de gas. Lo apagó "Clic."
—A ver...
 Yo me atreví a decir una cosa que me preocupaba.
—¿Con el restaurante tan vacío, puedo seguir trabajando aquí como hasta ahora?
 Nosotros contratábamos durante un plazo de dos meses. Sin embargo, ahora estoy en las vacaciones veraniegas y los universitarios de esta universidad también. Lo olvidaba. El restaurante se encargaba solo de clientes pertenecientes a esta única universidad.
 Además, contratabamos el sueldo cada semana. Si el trabajo es escaso como hoy, sentiré un poco alguna carga.

 Dirigiendo la mirada hacía mí, de repente soltó unas carcajadas,
—¡No te preocupes, no te preocupes! No hace falta que te preocupes. Ya has tenido suficiente trabajo. Además desde ahora necesitaré más tu trabajo. Desde ahora, seguro que recibiremos a los clientes.
 Entonces el dueño se agachó bajo la barra, y cuando se asomó, tenía algo en la mano.
—Esto, mira.
 Me enseñó una cosa. Era como algo importante, un tesoro de la casa. Era un OKAMOCHI (una caja de madera con una sola asa). Una caja para llevar las comidas, por ejemplo, unas escudillas de UDON o SOBA.
—¿Quieres llevarlo una vez?
 Yo intenté llevarlo con la mano derecha.
—¡Refuerza la cintura y estabilízate!
 Trajo muchos platos desde la estantería y los metió en el OKAMOCHI.
—Bueno, ¡Anda!
 Yo hice muchas veces ejercicios.
—¡Qué bien!, ¡Bonita, muy bonita! ¡Hermosa!, ¡Pareces una profesional, de verdad!, ¡Sí, tienes un don!
 El dueño me alegraba mucho lanzándome demasiados piropos. Y después, de repente y callado, me miró de arriba a abajo durante un rato.
—!Anda! Tienes unas hombros anchos, ¿verdad? — Respondí.
—En la época del instituto había sido nadadora. Además me encargaron ser la representante de la competición atlética nacional.
 El dueño puso los ojos redondos.
—¡Ah! Sí! ーDijo con aliento quejoso.
 Solo en este momento, sentí que me levantaba en el restaurante, me ponía el traje de baño y la capucha de color azul. Dudaba de que el dueño también podía imaginar mi figura con el traje de baño al lado de la piscina.

—Rínrínrín, rínrínrín.—sonó el timbre.
 Para mí era la primera vez y quería arrojarme sobre el aparato del teléfono. ¿Era mi novio, era mi amiga? Y pude escuchar una voz que decía:
—¿Qué tal?—Pues, eso era imposible. Nadie sabía que yo estaba trabajando aquí.
 El dueño miraba el aparato, dos segundos después descolgó:
—Esto es KUMAMARU soba, dígame.
 Escuchaba atento sin aliento.
—Sí, sí, de acuerdo.
 Lo había dejado en el contestador. Luego, él me dijo despacio.
—Lo siento mucho, Blanquita, que está pendiente hasta ahora. En este momento tenemos un pedido a domicilio. Para el almuerzo.
 Entonces, la vista del dueño se movía sin rumbo. Miré a la pared y se veía una noticia eescrita: "Ofrecemos Servicio a Domicilio desde hoy”
—Esta mañana he telefoneado a la oficina de la universidad.
—¿Telefoneó usted a...?
 El dueño fue a encender el horno de gas de nuevo y asintió con la cabeza.
—Sí, al Sr. ITO. —Dijo— ¡Hola, es KUMAMARU soba!, vamos a empezar y quiero que usted se lo enseñe a todos, ¡por favor!

Los señores

Capítulo 3
Los laboratorios raros

 Todavía, dentro de las primeras páginas de mi diario, guardo una nota escrita de entonces. Eso una hoja de papel arrancado de un cuaderno de anillas con unos agujeros alineados. La mitad del tamaño de una carta postal, escrita a bolígrafo con la peculiaridad de su caligrafía. Esas letras eran unos rasgos del dueño del restaurante de soba KUMAMARU (que significa un nombre de oso). El papel tenía unas manchas de gotas de sopa de UDON y pimientos rojos, resultaba una casualidad que el diseño se componía de manera hermosa en armonía como en un papel de arte de HAIKU. Hasta las once y cuarto de la mañana, el dueño recibió unas cinco llamadas de pedidos en este día:

 /Al Instituto de la Tecnología del Paisaje: Soba fría 1.
 /A la secretaria: UDON de TANUKI 2 y Tazón de OYAKO 1.
 /Al Laboratorio de la Investigación del Virus Cerebral: Soba con tempura 1.
 /Al Instituto de la Historia de las Justificaciones: Tazón de KATSU-DON 1.
 /A la sala de la Discernimientología: UDON de Curry 2.

 En este caso, intentábamos llevar la mitad de las comidas pedidas. Las cocinaría en orden y también por el mismo orden las atendería.
 Eso parece un reparto equitativo y parece mejor por mi mentalidad. Resultaba que por el momento: un tazón de Soba Fría, dos de UDON de TANUKI y uno de OYAKO. En total: Cuatro tazones por primera vez.
 Debido a que siempre lavaba los platos en la cocina, normalmente me ponía las sandalias. Pero sentía mucho alivio cuando llevaba las zapatillas deportivas en los momentos de acción. Además me sentía feliz con los cordones nuevos de color verde intenso.

 Estaba caminando con cautela por el sendero serpentino que se parecía al lomo del un reptil. Era fácil sostener el peso del OKAMOCHI contra el brazo derecho, sin embargo, me pesaba mucho el sentimiento nervioso, por eso sudaba dos veces más de lo normal.
 Solo en el pie derecho, debajo de la zapatilla deportiva, había sentido los materiales del camino ondulado y aún más las piedrecitas. Por el camino poco a poco se me acercaban meneandose los edificios universitarios con color de bizcocho.

 De repente me di cuenta de que había perdido la concentración para recordar en detalla de la información sobre las destinos de reparto. Solo recordaba que la sala de la secretaria estaba en este lado del edificio y los otros eran distintos del edificio de madera. Esto era todo lo que podía recordar. Sí, podía recordar.
 Según la hoja de la nota, la primera llamada era del “Instituto de la Tecnología del Paisaje: uno de Soba Fría”. Sin embargo, ¡el primer lugar sería “La sala de la secretaría”! ¿Cómo haría una persona normal en este caso? Me había secado el sudor con el dorso de la mano izquierda.
 Desde la mata de arbustos frente mis ojos, salió una bestia con el mismo color del edificio que había delante de mi. —¡Bah! un animal— dije llegando a la puerta de vidrio que encajaba, sospechosamente con la puerta de la secretaria, y allí me quede de pie.

 A través del vidrio de la puerta se veían dentro a cuatro hombres fumando. Sin embargo yo empecé a andar en el corredor cavernoso. Al ver otro edificio al fondo, dirigí mis pasos con firmeza hacia el. El corredor estaba durmiendo tranquilamente como una escuela cerrada en la luz de la naturaleza de medio día. Descubrí una placa al lado de un cartel rasgado por una parte, escrito ccomo: "Instituto de la Tecnología del Paisaje". Me esforcé con la intención decir algo en voz alta, y metí la cara dentro de la habitación. Cuando oí que torneó en voz alta, “¡Aquí!”, el mismo tiempo sentí como todos los aires se derribaban y se caían a la vez.
 En mi vista de entonces, podía reconocer los dos hombres con la bata blanca de laboratorio, sentándose en la mesa uno enfrente del otro.
—¡Soba fría! ¿verdad?
—¡A mí, Soba con Tempura!
 Los dos exigieron a la vez.
—¿Qué...?
 Yo perdí la serenidad y metí la mano dentro del bolsillo del vaquero para sacar el pedazo de papel, desplegándolo con sonidos, comprobé la nota.
—¿Perdóneme, pero usted... es del laboratorio del virus cerebral, ¿no?
—Sí y quiero uno de Soba con Tempura.
—Disculpe...soba con Tempura... espere a la próxima vez.
—¿Eso no es para aquí?
—No, son para la secretaría salvo uno de soba fría. Así que espere un momento, porque usted es del “Laboratorio del Virus Cerebral”.
 Ya estábamos en el lío. Debería haber pensando más y debería haber consultado al dueño de antemano. Sentía arrepentimiento.
—Muy mal, me están zumbando los oídos.
—¿Perdón ?—Me atacó y perdí la calma.
—Sentí una sensación repugnante al oír tu forma de hablar.—Dijo.
 Con rasgos serios, otro hombre a la izquierda, afirmó con la cabeza y sin decir palabra con los ojos brillantes.
 Después de un rato, el primer hombre abrió la boca.
—Sí... tienes razón... Que sería primera vez que me llamaron “usted, del Laboratorio de Virus Cerebral.” Ahora, es la primera vez, que siento yo he investigando estos temas asquerosos, ahora mismo.
—Discúlpame, si hay algún error...
 Entonces, acababa de empezar a derramar la sopa de Soba fría. Debido a que era sin sopa, nada ocurrío.
—No, nada de errores. Sí justo, El -Laboratorio -De -Virus -Cerebral, y un poco más. No te preocupes.
 Entonces pude empezar a identificar la diferencia entre las dos personas. Fue muy difícil distinguirlos debido a las mismas batas blancas, pero en detalle eran unas personas completamente distintas. Él del instituto de la tecnología del paisaje era un hombre con barba que se parecía a “Solzhenizyin”. Y el otro hombre: del “Laboratorio de Investigación del Virus Cerebral” tenía un bigote como una "Morsa".
 Entonces este Sr. Morsa con especial atención reconoció de nuevo su tema de investigación, y por primera vez se interesaba sobre una acción que comparaba “su rostro en el espejo” con “las palabras de su tema”.

 Cuando abrí la puerta de vidrio de la sala de secretaría, saludé ordenadamente a los señores de la habitación como me había aconsejado el dueño ;
—¡Oigan! Soy una camarera nueva del restaurante Kumamaru soba. Todavía soy novata. Así que, mucho gusto— e hice una profunda reverencia.
 Uno de los señores que tenía la cara larga y la frente ancha, en seguida paró de fumar y apagó el cigarro en el cenicero y por fin se levantó.
—Bueno, sí sí. — Se rió.—Ya te conozco muy bien. Todos los días tomaba el almuerzo en tu restaurante.
 Este hombre era el Sr. Ito. Yo no le recordaba nunca. Era poco probable que fuera un auténtico universitario pero a mí me resultaba difícil diferenciarlo. Entonces, seguro que me ruborizaba.️

 Girando el OKAMOCHI: que estaba perdido el peso ya que casi volaba fácilmente en el aire andaba pisando sobre el sendero luminoso. En este caso, ya me había enterado que era la primera vez que caminaba y lo veía con rumbo contrario. Cuando me resbalé con los guijarros me dio un brinco el corazón. ¡Eso! ¿Eso qué es? Hace poco había visto una bestia desconocida de color naranja... sería “la comadreja”. Me había impresionado la imagen consecutiva que hacía de forma ondulante. La mitad de la parte trasera era el pelucón de la cola. Aquel animal lo tenía todo el pelo largo y espeso. Y había gozado de las luces veraniegas, resplandeció con color de topacios claros, hizo una línea de rojo cobrizo con una figura curvada, saliéndose y desapareciendo dentro de los pliegues de los árboles verdes y densos. ¡Qué bello!

 ¡Qué cosas he visto! ¡Había llegado aquí para obtener la visión de eso! “¿Acaso yo voy a conseguir algo?”... no sé.

Capítulo 4
El sendero serpentino


 En la universidad, cuando empezaron las vacaciones de verano, es decir que todos los clientes del restaurante se reemplazaban por otros. Destacaban diversos personajes salvo los alumnos: los investigadores eran un poco más pedantes que los estudiantes universitarios y unos profesores que raras veces enseñaban (eso, tal vez, era solo un pretexto).
 De hecho acudían muchas reuniones de investigaciones y a conferencias, así que cada vez nos pedían unas comidas ligeras y bebidas, especialmente café de vez en cuando. Nos encargabamos de llevar cada pedido a los clientes, por ejemplo, el café sencillo y el café Moca; que llevaba con la tetera.
 Ellos prefieren tomar un café para mantener el contacto para tocar los mundos de fuera. Después de un tiempo faltaban las caras de los alumnos matutinos y las conversaciones, cambiaron por un ritual de tomar un café, no sé si sí o no.
 Al fin y al cabo estabamos en medio del bosque, nada más a salvo de los rumores del viento fresco y los cantos de cigarras. Si no tenía ninguna aptitud de escuchar a los mensajeros de la naturaleza, solo necesitaba escuchar las palabras de otros. Verdad que sí.
Como nadando o pasando dentro de la luz reflejada por el verde de los árboles, así había repartido unos cafés con mucha frecuencia hasta el edificio de color bizcocho.
 En el caso de los laboratorios eran dos o tres tazas de café, en el caso de conferencias eran más de cinco tazas de café. En el primer caso, no me permitieron volver al restaurante en seguida. Ellos siempre exigían charlar conmigo indirectamente.
 Mirándolos cuidadosamente, todos ellos eran hombres mayores. Tal vez, no se aprecia por la vista, que no podrían moverse del sitio porque tenían su raíz en el suelo del laboratorio. O sea si fuera del despacho como en la ciudad, no se podía tomar los nutrientes. Es posible que solo en el laboratorio se podía estar despierto. Pero siempre era un problema si entregaban a alguien las comunicaciones contra el mundo de afuera. ¿Acaso los hombres nunca podían obtener las imágenes de algo con los propios ojos? ¿Solo aceptaban las vistas digeridas por los otros? Es probable que quisieran la comprobación del neúmeno solo desde las teorías académicas, de conferencias, y del fórmulas o de microscopio.
 Era probable que, para ellos, el otro mundo sea extraño: lo que estaba fuera del vidrio de la ventana del edificio de la investigación. El sonido de las cigarras era solo un ruido, y una hoja del nogal era solo una hoja sin identidad de nada. Yo estaba sintiéndome muy aburrido de sus caracteres, y a la vez, de pronto sentí un impulso de conocer la parte interior de ellos y los enigmas alrededor de ellos también.

En el bosque

Capítulo 5. El Sr. Solzhenizyin


 Cuando recibió un pedido de café Moca, el dueño solía moverse un poco más despacio de lo normal. Es decir, quería filtrarlo minuciosamente. Que desplegaba el papel de filtro en forma de embudo y lo ponía encima del matraz de cristal. Con la tetera echaba el agua caliente dentro del cristal, muy despacio. Mientras lo echaba, miraba el reloj dibujando Snoopy con el marco rojo en la pared.
—Ah, esta vez, puedes regresar, más o menos, dentro de unos treinta minutos.
 Eso significaba que me permitían volver aquí treinta minutos después de repartir; así yo podía pasar el tiempo libre con cualquier motivo; podría charlar con cualquiera, pasando el tiempo acostándome sobre las hierbas silvestres o paseando por los caminos al azar. Qué maravilla es esto. Ahora a mí ya se me ocurrido unos temas para investigar.
—Muchas gracias.
 Contesté con la cara muy normal.
—¿El sitio raro, no?
 Me preguntó una vez, y ocultó la cara detrás del humo de la olla.
—¿ Eh, qué,?—le pregunté en mi turno.
— Estarías sorprendida por la universidad rara, ¿no?
 Las gotas de café caen dentro de la garrafa gimiendo,"tin tin".
—No. ¿Por qué? Para mí es muy interesante...
—A ver..., casi veinte años antes, cuando empezaba este restaurante, estaba mejor. El director general era muy particular y original, es decir extraordinario. Tiene un lema: “No deben establecer los laboratorios con los temas normales como otra universidad normal.” Así que, salvo las asignaturas de estudios comunes, había invitado a unos laboratorios especializados. Sí, de cuando en cuando llamaba la atención del público, pero resultaba inútil por la visión de administración por los laboratorios raros.
 » Los universitarios, también eran muy peculiares y raros. Bueno, los estudiantes solían ser siempre raros, ¿no?
—¡Tiene usted razón !—Mientras limpiaba la caja de OKAMOCHI, exclamé. —Así que no había entendido los nombres de las salas de los laboratorios de la conciencia. No me acuerdo nunca.
—Sí , sí. —Entornando sus ojos.—No sé ... Sí, hacen cosas buenas..., Pero tal vez... son demasiado fantásticas. —El fijó la mirada a las dos tazas, limpiando con un pedazo de tela.
 De repente, no pude evitar pensar ¿con quién vive él y dónde? Todas las tardes después de salir, él se quedaba arreglando y preparando los ingredientes para mañana, apagando los fluorescentes, cerrando con llave la puerta, andando quince minutos hasta la estación, subiendo al tren y regresando a casa, no sé. O sea, ¿vivía solo en el piso de arriba del restaurante, después del cierre veía solo la televisión y bebía unas dos latas de las cervezas del restaurante? Entonces, usando mi imaginación, ya no me atrevería a preguntarle más. Ya que había metido las dos tazas de café Moca en el OKA-MOCHI y después salí unos diez metros en el camino. Volví la cabeza para ver el edificio del restaurante. No tenía piso arriba. Solo había un tejado cubierto de tejas negras de dos aguas.

 Ya me había acostumbrado al sendero blanco de figura de serpiente. Había unas huellas de coches, y cada lado tenía matas de hierba, por eso era posible caminar hacia delante con los ojos cerrados. Si algo te tocara los pies, se puede parar. Quería hacerlo pero para no romper las tazas de Moca, no lo hice. Desde luego, el café Moca estaba en la tetera portátil que colgaba de mi hombro. Pero las tazas no se deben romper, porque son especiales.
—¡Mira aquí Moca! ¡Moca divino!
 Grité, debía caminar llevándolo respetuosamente con cuidado, pensé. Cuando andaba la mitad del sendero curvado, alzando lo de arriba con ambos brazos. Y gruñí despacio.
— ¡El Moca divino! ¡De un paso atrás!
 Ciertamente yo también me volví una persona loca, pensé. Si tuviera otro trabajo temporal dentro de la ciudad, no haría como ahora. Eso seguro.
 Seria posible que hiciera justo como indican las instrucciones, que inclinaría la cabeza muchas veces y que sonreiría por la propina. Después con los píes agotados, limpiaría las mesas usadas por los clientes, y me cansaría. Resulta que dejaría el trabajo antes de lo que planeaba. En principio el trabajo parece difícil, sin embargo todos son muy amables conmigo y solo en dos horas, ya pude hacer el trabajo bien. Así que todos dijeron “Está bien, chica, haces muy bien”. De todas formas yo me sentía agotada por este trabajo repetitivo. La situación sería cerrada perfectamente.
 Ahora por otro parte, estoy pensando una cosa muy rara. ¡Noto el espacio dentro de mi cabeza en blanco, como cuando paseaba por el camino de regreso a la escuela de chica. El espacio en blanco era denso. No tenía ningúna noticia de la que pudiera informar.
 Podía hacer muchas cosas como hablar con cualquiera y mover los pies y los brazos libremente al azar. El único trabajo que tenía era llevar con cuidado las cosas de los pedidos y repartirlos atentamente a sus destinos. Eso era, por ahora, todo mi mundo social.

 Por cierto, aquí ahora, si dejara mi cargo : echaría la caja de OKAMOCHI, y entregaría todos mis sentimientos al seno de dios, se podría decir desde entonces que nadie ya me encargaría nada y podría volver a ser una niña silvestre. A nadie le importaría si andaría a gatas o me arrastraba en camino. Como aquella bestia dorada ... La comadreja: aún podía saltar encima del sendero.
—¡Miren, aquí un desfile de su excelencia la comadreja! Comadreja, ¡venga ahora!—Dije en voz alta pero nada se ocurrió, solo susurraban las hojas de los árboles. Y, Repetí...
—¡Tipo comadreja!, venga...
 De repente, se oyó una voz masculina desde el lado del alcanforero.
— ¿Qué comadreja?
 Ay yo, por supuesto, no hablaba de ningún comadreja real y recibí un golpe contra el OKAMOCHI en los rodillas. Las tazas, los contenidos deslizaron al otro lado con un estropicio. La fuente de la voz, se veía, tal vez, una figura del investigador Sr. Solzhenizyin quien tenía el rostro con barba: tenía menos altura de la que yo pensaba era como un niño.
Iba a decir, “¡Hola! enanito del bosque!, ¿qué tal? “
 Pero, por supuesto sabía que eso no era moral, así que no dije nada. Sin embargo, yo estaba un poco enojada. Vaya, se apareció apresuradamente en frente de la mujer joven. Además, alrededor del camino estaba vacío.
—¡Estoy muy sorprendida! es usted el señor de “El Instituto de la Tecnología del Paisaje”, ¿verdad? Voy camino a verle.
—Lo aprecio mucho.—Dijo, y empezó a caminar adelante.
Pero, paró de repente, pasando unos diez metros adelante, volvió la cabeza a mí y dijo:
—Me llamo Harada.
 Yo abrí los ojos y la boca a la vez, como cierto modo de respuesta. Porque no podía emitir ningúna voz. ¿ Este hombre acaso venía para recoger el café ?

 Camino del laboratorio el Sr. Harada giró varias veces hacia mí y dijo, por ejemplo:
—Ahora mi bata actual era de color azul, pero parece blanca,¿no? Demasiado blanqueada ya.—O algo así...
—Por aquí, los bosques poseen un aspecto del bosque primordial, por eso se pueden determinar las especies botánicas locales. Mira allí, la especie de alcanforero, la de camelia. Y ahí, la especie de “ bolsa de pastor” y de “artemisa”.—Decia, pero parecía un diálogo. Aún no estaba seguro, yo recordaba así. Estaba un poco nerviosa, encima de la mesa apagada de laboratorio, alineando las tazas del café Moca y vertí el contenido caliente desde la tetera portátil paulatinamente. Se ve muy rico, sin embargo, a mí me parecía que era mejor un café frío, pensé.

 Después de la acción de servir, dije;
—¡Muchísimas graciaaaaas!
—¿Cuánto cuesta?, este café Moca.
—Cuesta 400yenes...así que, en total, 800yenes
  ¿Qué tonto?: ya este hombre seguro que lo sabía de antemano, pensé.
—Bueno...a ver —El Sr. Solzhenizyin alzó los ojos y dijo—¿Quieres tomar un café?
—¿Eh?—No entendí el significado.
—En primer lugar me temía que te molestaría si hubiera pedido solo un café una vez, por eso, pedí las dos tazas. Si no tienes inconveniente..., aquí tienes, café. Por favor.
—¡Ah!—estoy sorprendida, pero en seguida respondí— Gracias.—Y miré a los ojos de él. Estaba riendo suavemente. Además yo tenía algún interés por esta habitación, paredes y los olores misteriosos. Es que, entonces no me faltaba ningún tiempo. Su ademán de la mano alargada funcionaba como una flecha: con gesto de bienvenida indicaba una silla. Sentí en el sofá cubierta de la tela.
—A ver, ¿donde está aquel señor de siempre de Los Virus del Cerebro...?
—¿Sr. Takahashi ?, hoy está en el día descanso. No está aquí...ya, relájate.
 De todas maneras, eso significaba hoy está solo él.
—Tómalo con crema, adelante, si quieres —El Sr. Harada me lo aconsejó, enseñando una botellita de crema. Yo me extrañaba, pero solo podía decir:
—Ah, Mu..muchas gracias...
 La cara del Sr. Solzhenizyin me pareció que se ruborizó un poco.
—A ver, ¿sabes? Este café tiene un aroma muy bueno.
—...¡Sí, No lo sabía!.—No sé porque yo sentí algo unas cosquillas.
 Mirando dentro de la habitación, descubrí unos ordenadores, los aparatos de grabados y muchos fajos de los documentos. Al lado de la ventana, había un armario metálico desde el que asomaba una manga de un cortavientos verdes. Tal vez, cambiaría las ropas en este después del trabajo y regresaría a casa.

—¿Estos documentos, Sr.Harada, usted ha escrito?
—No, estos eran unos fajos de las respuestas de cuestionario. Pero hasta ahora no podía quitar...
—Ah, sí.
 Pero ¿qué encuestas eran? ¿Se puede preguntar más? Si recibiera alguna contestación, ¿yo la entendería suficiente? ¿Acaso tendremos otro mar de confusión?
— Tomábamos unas encuestas de las muestras de los paisajes, a unas cuarenta cuestionarios con un método de SD. Adaptábamos un método inductivo de unas 300 muestras, sin embargo, nada nos encontrábamos. Porque no teníamos ningunas previsiones en alguna manera, resultó que serian en inútil.
 Así, así, como me preví. Estos hombres están nadando en un pozo profundo. Si me lllamasen "Blanquita, venga hasta aquí ", no podría bajar bien hasta su lugar. “Así no veo nada.", “Ayúdame la comadreja, ¡por favor!” ...Pues sí, ahora, no intenté huir de aquí sino quería saber algo más. Vamos, Blanquita, como Robert Capa quien fue al campo de batalla o como Josepf Pulitzer, el periodista, voy adelante con mi poder intelectual.
—Perdón, usted puede enseñarme qué es la Ciencia de Tecnología del Paisaje, pues no tengo ningún idea...
 El Sr. Harada acercó la mano a su barba y dijo:
—Me siento mucha vergüenza pero no estoy determinado este ciencia ... Por eso todavía no puedo explicarlo bien a nadie.
 Después de estas palabras, él se conformó la cara de la convicción firme por primera vez. Me descarrié un poco pero le pregunté:
—Sin embargo ...¿sería claro los objetos de investigar, verdad?
—Sí, observamos las posturas de los paisajes, luego reconocer a cada energía. Y sustituir por los conexiones de unos elementos principales, ya las tratáramos analizar.
—De todas maneras, el objeto de estudiar es los paisajes,¿verdad?
—Sí, ¡exacto! Pero "el paisaje" tiene dos aspectos. El primero es el paisaje salvaje y otro es lo de artificial. Los arquitectos suelen tratar lo de artificial por el medio de expresión, y la jardinería también. Es decir, serían los artes. Por otra parte, yo no quería tratar del aspecto de arte, sino de "la dinámica" sencilla, claramente.
—Acaso, ¿usted va a demostrar con un punto de vista estadístico?
—Exacto. Sin embargo, yo planeaba a investigar no como en caso del arquitecto o paisaje artificial con la intención de conformar unos productos útiles, sino para investigar las esencias del paisaje por los poderes de la naturaleza: las dinámicas puras.
—¡Qué estupendo! —Yo aplaudía con las palmadas pequeños.
—Pero, desgraciadamente encontré un obstáculo.
—Vaya.
—Hasta entonces pensaba que “el paisaje natural” se pueda indagar sin obstáculos como lo de inclinado a los productos útiles o de los mundos de industriales. Me extrañaba poco a poco... aumentaban mis dudas.
—¿Qué le ocurrió?
—Voy al grano, resulta que " los paisajes" no son “ la naturaleza” sino son también “las cosas artificiales del humano”. Era una invención de los humanos.
—Sí, ¡se puede decir!..— en seguida me despertada con mis palabras. Apresuré a mirar alrededor. ¿Vaya, he metido la pata? Pero nada.
—Con la vista de subjetividad, desde la altura de los ojos...
—¿Desde la altura de los ojos?
—Sí— Su nuez de Adán se golpeó con un movimiento.—Mientras la época del movimiento estudiantil 1969, yo estaba como uno de los otros estudiantes, también quería negar “El camino del Capitalismo” en el estudio académico. Por eso propuse y eligí este ingeniaría del paisaje natural. No me dí cuenta de que estas palabras tampoco eran justas . Ya estas palabras también significaban una función de inventar el valor mercantil del Capitalismo...
—Bueno, mire, la verdad es que también yo soy una universitaria por eso lo entiendo bien.
—¿Lo entiendes ya? Bueno.
 Se podía observar alguna fuerza en su erizada barba. Dijé;
—¿No quisiera usted cambiar el titulo del estudio? ¿qué le parece?
—¡Justo, el problema!— se le veía el sudor en la base de la barba.—¡Cómo!¿cómo debemos definir el título adecuado? ¡Pero todavía no me encontrado!
 De la vista, a mí me enteraba seriamente que: "El estudio es dificilísimo". He dicho un poco más:
—Tengo una pregunta, pero, sin sujeto de la vista para definir el paisaje, entonces ¿ya tampoco hay los paisajes?
—Sí hay todavía, del punto de la vista del geografía física. Pero no se puede decir sobre las cualidades del paisaje...
—Sea posible que decir que una persona paseando solo disfruta “eso”. No paseando para definir los elementos de la geografía física.
—¿Qué?—Sr. Harada hinchaba los ojos.—¡Aha, si, tienes razón, entonces seguro que no tiene la conveniencia por las producciones. Es decir se puede ver con “la vista pura”.
 El señor asintió para sí como “¡Bravo!”
—A ver, justo se me ocurrió una imagen: La vista más pura, se puede encontrar...
—¿Eh?—Él abrió otra vez los ojos y jadeando fuerte: miró hacia mí con su barbilla saltando.
—Nosotros, como una persona normal siempre paseamos vagamente: es decir disfrutarlo andando sobre el sendero “arreglado”, ¿verdad? Sin embargo, la “comadreja” atraviesa el sendero sin propósito. Este no importaría nunca los caminos supuestos, no sé porque.
—¿”La COMADRE...JA”?
—Sí.
 Los ojos del Sr. Solzhenizyin estaban dando las vueltas. Ya ¿Yo decía alguna palabra loca? Inquietud. El Sr. Solzhenizyin con los ojos abiertos;
—¡Tie...tiene usted razón!—Y, continuamente me dijo.—. Señorita, me, me gustaría saber su nombre, por favor.—Yo conteste, “ Me llamo MITSUKO” y estábamos callados un largo rato. Él me dijo que sentía muy divertido en hablar conmigo, por eso involuntariamente revelaba y hablaba lo de su antiguo. Se disculpó a mí, aunque sin necesidad.

Capítulo 6
El cuento del Sr. Solzhenizyin

 Yo también, pensé que el paisaje sería extraño en ciertos casos. Aunque rara vez, solía mostrarse en frente de mis ojos unos caracteres anormales que no me imaginaba antes: como una escena que una fruta madura se partió de repente. Entonces se ve un poder enorme ocultado, así que me sorprendió muchísimo. Si alguien controlaría y manejaría todo el mundo, sea posible que el asunto ocurriría cuando "ese alguien" se distrajese.

 He recordado una experiencia: cuando era niña pegaba la cara al vidrio de la ventanilla del tren exprés de la línea privada y veía paisajes pasar ante mi vista. Los paisajes estaban volando atrás y no eran particulares, pero estaban cambiándose velozmente sus aspectos.
 Campos, montañas, colinas y prados. Mientras pasaba una ciudad, se veían muchas casas con los tejados a dos aguas o algunas agrupaciones de rascacielos: ¡qué cantidad de cambios!
 Siendo adelantada la tarde, la luz del sol estaba inclinada, dorada y tierna. Todos los paisajes estaban resplandecientes y casi se disolvieron. Las creaciones de Dios se mezclaron y se fundieron con crecientes calores. Entonces, me despertó el sentimiento con la voz de anuncio del tripulante. De repente, había reconocido mi sitio en ese momento: en la caja rectangular del vagón. Estaba segura en el tren.
 Unos momentos después, inmediatamente me di cuenta de que al otro lado del vagón también había muchos vidrios extendidos de las ventanillas alineadas. Me he asombrado de un respingo y giraba mis ojos al paisaje de otro lado a las escenas de lo contrario. En el momento algo se me ocurrió, si bajara el telón del mundo, los paisajes de otro lado se reformaría completamente.
 Allí se extendía un color azul frío como unas acumulaciones de los huesos secos. Entonces todas las casas empezaron a corromperse mientras crecía la oscuridad, se pasaron los árboles que emitiendo bastantes gemidos contra el gélido frío. En el cielo, el sol ya no estaba dulce sino sólo daba azotes contra las ventanillas. Las hojas de los árboles se ponían tristes invitando a los muertos y metamorfoseándose a unas manchas negras en la escena.
 Estaba asombrada, me precipité y me agarraba a los apoyabrazos. Creí que sería posible que el este robase las luces del oeste.
 Así que el lado lucía como el pan de oro. ¿Acaso para sobrevivir los hurtó en su brillante y entera última vida? Desde el mismo asiento, yo estaba observando dos caras distintas de dos esferas, del paraíso al infierno. Solo derecha o izquierda, ambos paisajes eran fatalmente distintos. Mientras las horas de atardecer, en mi mente crecían la inquietud y la extrañeza.

 En las otras ocasiones, encontré las experiencias parecidas, de vez en cuando. Una vez estaba alquilando una habitación del sur de la casa de mi tío: estaba en el barrio castizo de Tokyo. Los marcos de madera de la ventana habían sido limpiados esmeradamente; por eso se veían las vetas de la madera onduladas muy hermosas. Al lado de la ventana habían puesto muchas macetas alineadas que estaban tratadas cuidadosamente. Así que necesitábamos estar atentos con mucha precaución cuando cerrábamos la ventana para no pillar las hojas de las plantas: como de las orquídeas. La calle estaba muy alegre, se oían las voces de niños y los traqueteos de las bicicletas de los mercaderes. Siempre se oían risas de la gente.
 Una vez, cuando necesitaba buscar una herramienta: un martillo, entré en la habitación contigua a través de la puerta corrediza de madera. Esta habitación oscura estaba llena de muchos muebles. A través de la ventana encajada con vidrio deslustrado, las luces lilas llenaban alrededor el espacio entero. Después de mi entrada, oí un sonido parecido a un viento suave con el que algo fluctuaba. ¿De dónde se oye?, y ¿qué sopla? El techo oscuro, solo colgando la lámpara, y las paredes de argamasa. Nada raro. Miré a la ventana. ¿Acaso el sonido venia desde fuera?
 Con mucha curiosidad, toqué el cerco de la ventana. El cerrojo era de color dorado de moneda de cinco yenes. Agarré el cerrojo y gire el pasador. Lo aflojé y abrí la ventana, fuera se veía una pared de la casa vecina. Tan cerca que podría tocarla, había paredes cubiertas con tablas de madera polvorienta que tenía unos clavos oxidados y salidos de la superficie. Estas tablas, me enteré intuitivamente, que tenían el doble de mi edad. En la superficie de las tablas acumuladas se aparecían muchas vetas profundas, como unos ojos arrugados, desgastados y secados sin lagrimas o sudores.
 Por fin me alcé la cara y adverti que desde la abertura se veía el cielo azul que limitaba en forma rectangular arriba a lo lejos. Fuera de la ventana, a los dos lados se encontraban más paredes de los vecinos. Luego abajo de la abertura, descubrí la siguiente escena: un perro envejecido estaba acostándose en el suelo angosto entre las dos paredes que tenían solo la anchura de su vientre. Y estaba respirando con dificultad.
 Al principio me imaginé que unas paredes agotadas ya se despegaban al suelo y sufrían. No, era un mero perro agotado. Se encontraba en el lugar adecuado para morir, en la abertura con la misma condición de las paredes envejecidas y agotadas.
 En el contorno de la mera casa existían dos aspectos distintos. Me pareció que el mundo terrenal tenía a la vez otro mundo ajeno y adentro, ¡nunca habría imaginado!

 Observando la taza de café Moca que ya estaba vacía, le había contado esas escenas de mis experiencias al Sr. Solzhenizyin: justo con palabras sencillas posibles. El señor estaba escuchándolas tranquilamente como cuando un nieto de cinco años estaba escuchando un cuento de su abuela de unos cien años. Solo cuando movía la mandíbula, se veía a un adulto propio.
—Señorita MITSUKO ...— suspiró.
 Y luego no se hizo palabras, bajaban los ojos a la mesa. Entonces de repente advertí y miré el reloj de pulsera con sigilo. Hasta el tiempo esperado de mi regreso al KUMAMARU soba faltaban solo tres minutos.

 Cuando intenté levantarme desde el sofá, de repente, el Sr. Solzhenizyin abrió la boca;
—Pues, yo también tengo un recuerdo amargo...
—¿Un... un recuerdo?
 Temía que su recuerdo tardase unos tres minutos, o más. Sin embargo después de unos parpadeos, de nuevo, me senté en la silla con decisión.
—Ciertamente..., un tardío amor de mis años de veintena. Estaba en el posgraduado. Y ella era una chica que acababa de regresar de estudiar desde el extranjero en Bélgica, tenía pelo largo. Ahora me di cuenta de que no éramos compatibles. Sin embargo nos llevábamos muy bien entonces. La chica quería algo que desconocía, también como yo, pero ya entiendo que esta chica quería solo subir un peldaño siguiente. Quizá no quería ir a lo lejos sino quería cambiar un poco su situación de entonces. Y,... nos acabamos de conocer. Yo era un estudiante muy obstinado de ciencias. En este momento, ella llevaba las gafas. Oye, no era una mujer llamativa: era como cualquier sardina nadando en alta mar. Pero ...no sé... a ver... Sí, un colgante. Una vez me atrajo el colgante de ella, que tenía la figura de una barca en que tenía la piedra de lapislázuli. Sobre eso, intercambiamos palabras por casualidad en un corredor. A esta chica; le gustaban las ciencias ocultas. Cuando nos hablamos, descubrí que tenía los ojos muy brillantes. Hacia un rato después, en algún día, me di cuenta que ya no se ponía las gafas. Pero no me dí cuenta nunca cuándo las dejó. Entonces pensaba que era otra mujer. Bebimos unas copas de vino unas veces en mi habitación. Oíamos mucho Mozart. De veras, muchos ratos nos hablábamos como un largo tiempo de leer todas las páginas de una enciclopedia entera...o eso creo.
 Entonces, el Sr. Harada, de repente, empezó a temblar su voz y paró la respiración.
—Hasta ahora...
La mirada deslizante corrió en la mesa, a las paredes y unos árboles de roble y paró de nuevo;
—Aún ahora mismo, he creído que su carta fuera a llegarme.
 Sentía que las hojas del roble agitaban a ccoro: "¡Sí, sí!”
—Nunca había podido olvidarla. Aquí, la chica está viviendo...aquí dentro. —Indicaba su sien con su dedo índice. Parecía que estuviera penoso: mostraba el arrugamiento de los rabillos de los ojos.
—¿Ustedes estuvieron juntos largo tiempo?
—Exacto.
 Entonces, los vientos corrieron como un flujo del fuelle, lamían la mesa y después movían el cabello del Sr.Harada.
—Cuando terminamos la carrera, ella regresó a su tierra natal; como una escena antes de la nada. Parecía como, "Un hola y adiós". Justo el mismo tiempo de levantarse para ir al servicio en un restaurante. Tenía yo la promesa de entregar los documentos de corrección de las pruebas al profesor, por eso nos despedimos en un andén de la estación de Hamamatsu-Cho. Cuando ella subió la escalera y desapareció por arriba, me di cuenta de que yo me había equivocado... Pues, al día siguiente, no nos podríamos ver y en el futuro nunca más. Pero dentro del tren, trataba de concentrarme en unos carteles y leía las letras de cada línea del póster. Para que no me enterará más de ...para no revelar mi equivocación. Hasta el día siguiente, deseaba guardar unos restos del calorcito de la chica en mi corazón; solo hasta cuando entendería que no nos tendremos "mañana".

 Me miró un instante y de repente paró su cuento, y unos segundos después;
—¿Necesita usted regresar al restaurante ahora mismo?
 Con cara masculina dije;
—No, no me importa. Nada, nada.
 Ya estaba con decisión de escuchar.
—Desde entonces, no sé dónde pero en mi cuerpo ella había habitado... ya sabe usted, la chica que tenía el pelo largo y las gafas al fondo del su bolsillo... y le gustaba las ciencias ocultas.
—El Sr. Hárada subió su mano en frente a su cara y hizo abrirse y cerrarse los dedos un rato.
—Bueno, había escrito una carta... En el fin del mayo.
—¿A ella?
 Él asintió con la cabeza. Y, con el dedo índice, enseñó la vista del paisaje detrás de la ventana.
—En el mismo estación de ahora, en Julio. Luego recibí la respuesta de ella—el Sr. Harada mostró una cara riéndose y se rascaba la cabeza unas veces.— Me escribió que quería verme.

 En seguida me despejaron el corazón. Sentía los olores del viento hasta aquí en el laboratorio. Había seguido rascando su cabeza y no lo terminó. Parecía seguir repitiendo algún repaso y reinvestigando la memoria en su cabeza. Luego dijo:
—Sin embargo, no la vi a ella.
—¡Eh!
—Porque he entendido una verdad en su respuesta, después de leerlo, al final de las líneas de la carta. Es decir que ella estaba en un aislamiento auténtico aunque estuviese conmigo. Nunca me había enterado de eso hasta que hube leído el papelito. Había una colina a la que ella había dicho que "el lugar supuesto en que solía venir el OVNI." Esta colina nos gusta mucho y habíamos subido a menudo. Al lado del seto de la azalea que había en la mota, nos hablábamos. Sí, un día veíamos la puesta del sol : un rato muy largo nos veíamos cara a cara como una eternidad. Ya no recuerdo lo de después : ¿cuándo había venido la noche?, ¿cuándo nos despedimos? Solo no he olvidado éste tiempo; esta puesta de sol como en un rato de amanecer luminoso. Yo me sentía que algo me envolvía en su seno suavemente. Tal vez, la chica quería escribir sobre aquel tiempo en la carta.
 Había escrito de esta forma:
 "Nos pasábamos el tiempo juntos muchas veces: salíamos juntos a la calle, Alquilábamos los CDs, compartíamos juntos un helado de menta y patatas fritas, veíamos las escenas del día y la noche en el mismo paisaje. Todo eso me alegraba y me consolaba muchísimo. Quería pasar más tiempo así contigo. Pero era imposible."
 "¿Si podría recordarte, la tarde? Que tarde de cuando veíamos juntos a los árboles alumbrados con los luces de la puesta del sol. Entonces deseaba ver el fondo de tus ojos através de tus pupilas. Así que tenia mis ojos abiertos. Inmóvil, sin pestañear. Poco a poco sintiendo enorme felicidad. En el momento, me había dado cuenta de que, en el futuro, no podremos vivir juntos con la misma vista que vemos juntos."
  " Tu hiciste entornar los ojos, solo para rechazar a los destellos de la puesta del sol. Me había sorprendido mucho, porque en el momento precioso, nosotros veíamos cada cosa distinta. Me había enterado que yo veía los árboles dorados con luces, y tú veías las cosas al contrario."
—Así, había escrito, más o menos. Sí, exacto, ella tenía razón. A su espalda había un paisaje de las viviendas. Y ella me veía al reves con los árboles dorados a mi espalda.
 Ah, sí, ahora recuerdo, entonces a la chica sus lágrimas le caían en la mejilla. Salian desde sus ojos grandes: como un ratón de campo que sale a gatas desde su hoyo. Ahora entiendo por qué. En ese momento ella sentía soledad. Hace mucho tiempo no me di cuenta de sus lagrimas, o fue mal entendido. Yo no había podido acercarme a su corazón. Ahora, lo entiendo claramente. Aún los novios no podían ver el mismo paisaje. Solo podían verse desde las distintas direcciones: "al revés".

 Pisando al camino de regresar por encima de los guijarros, me atacaron los sentidos de abatimiento y, a la vez, una embriaguez sin convicción con la que comprendí sobre la mitad del mundo.
 ¿Acaso hecho mal? Pensando que sería mejor no haber escuchado el mal. Pensando que sería mejor no haber escuchando el cuento del Sr. Solzhenitsyn.

Capítulo 7
La enseñanza del Sr. Morsa

—A él le dieron el amor no correspondido, cada año desde siempre.
 Así, el Sr. Morsa burló al Sr. Solzhenizyin y, a la vez, echando la sobra de la cola de la langosta desde la boca al plato de la mesa.
—Aquella tarde, cuando Harada te dijo “Olvídese de mis palabras de entonces, por favor", me ha contado que, casi todo, lo que él te dijo sería un amor antiguo, ¿verdad?
 Tenía un cabello parecido a un casco con pelo rojo pegado apretadamente. Yo estaba disgustado por sus expresiones, sentía escalofríos.
—Pues, oiga Sr.Takahashi. A mi me gustaría preguntarle a usted unas cosas... también.
 A este señor, ya muchas veces le había llevado la comida que hasta ahora había pedido. Como... soba de tempura, soba frito de tempura, tazón de KATSUDON y tazón de tempura, creo que así seguro.
—¿Aha?, sí. No me importa... bueno, siéntate.
 Entonces, yo estaba empezando a preocuparme por el pelo de nuca que ya creció un poco. Traje una silla de oficina desde un escritorio contiguo y me senté.
—Discúlpame, ya que sigo comiendo este tazón de tempura.
—No se preocupe. Puedo aprovechar la ocasión para esperar, luego recogeré de inmediato, resulta que podré ahorrar el tiempo.
—Tienes razón.
 Estaba llevando un pedazo de la comida a su boca con bastante satisfacción. Un grano de arroz se adhería al extremo de su labio.
—Ese sujeto: Harada, hoy fue a asistir al congreso acompañando al profesor.
—¿A dónde ?
—¿A dónde? No sé...
—Acaso usted no sabe bien.
 Él paró el movimiento de los palillos, y tranquilamente mordió la cola del langostino, después me fulminó con la mirada.
 Sentada yo en la silla al revés empecé a menearla como un caballo del parque infantil. Se oyó un traqueteo del crujido de la madera.
—No creo que él sea mala persona.
 Hablé con estilo muy amable para que él pueda aceptar fácilmente pero procuré pronunciar claramente.
—Tampoco, yo — el Sr. Morsa lamió las puntas de las palillos. —Y, ¿cuál es tu pregunta ?
—Me gustaría que usted me enseñará sobre su tema de estudio, Sr.Takahashi...con adecuadas palabras entendibles, si pueda.
—¿Es decir sobre "la Investigación de los Virus Cerebrales”?
—Exacto.
 Al contrario del Sr. Harada, de repente él se ensombreció su rostro. Parece que no se agradó mucho. Me miró un rato, después hizo un último bocado de la comida : el tazón de arroz. Y se levantó, a continuación agarró un vaso hollinado y polvoriento de la mesa de acero inoxidable del lado del pared. Observándolo desde el fondo hasta el borde del vidrio, mientras yo esperaba sus palabras. Poco después, Sr.Morsa anduvo dos pasos al fregadero y abrió el grifo, después, llenó el vaso con agua de grifo y bebió el contenido de un tirón con unos movimientos de la garganta.

 Al fin, después de beberlo, de nuevo llenó el vidrio con otro agua. Se hicieron muchas espumas y emitieron las gotas de agua al lado del vaso.
—Ya, qué bien comí...— dijo.
 Regresando al lado mío, puso el vaso encima de la mesa con un golpe suave.
—Dentro de este vaso, ¿crees que habría alguna vida?
—¿Qué?
—Piensa si algo esté nadando en él, o viva dentro.
 Me había sorprendído. Como si había sentenciado que este vaso de vidrio fuera un mar enorme. Al lado del vidrio se podía ver unos reflejos de los árboles de alcanforero, y estaba meneando las hojas. Adentro en el vidrio me absorbieron. La imagen: yo estaba subiendo en un hidroavión, y descendiendo despacio a la superficie del agua del recipiente. Y mientras me mecían las olas, allí, muy despacio sumí un cubo enlazado con un cordón al mar. Si sumiese muy muy profundo en el mar, ¿este cubo cogería alguna vida dentro? no lo sé.
—Pues..., sí. Hay algo tal vez.
 Respondí. Sin confianza seguro.
—Exacto —el Sr. Morsa asintió dos veces con la cabeza como un pavo.—Exacto, se ve diversos seres vivos, sin saber, en los lugares desconocidos. Muchísimas.
 Él también fijo la mirada dentro de la garrafa.
—Si solo imaginemos que este contenido del recipiente seria "una jungla", haría muchos seres vivos en el. Las aves, animales, insectos, reptiles; las arañas, garrapatas, lombrices y sanguijuelas. Con manada o cardumen. Entonces, si voy a beberse eso de un tirón, ¿qué se ocurre? Se me meten sí. Se me meten entero. Y se cambiará una parte de mi cuerpo.
—Pero...
—¿Pero? Desde luego, en mi vientre vivirían unos DOBERMAN y trabajarían para ahuyentar casi todos los demás invasores. O matan a mordiscos. Sin embargo, acaso fallarán. Los invasores atravesarán con rutas complicadas y alcanzarán mi verdad cuerpo.
—¿Virus, eso es?
—¿Virus? Sí, también hay otros más, los diversos. Unos ya están adaptados. Ya como establecidos con los humanos, ganando sus guaridas desde hace unos cientos millones años.
—¿ De veras?
—Sí, de veras. Mi campo de investigación es el ser viviente del cuerpo interior.
 Tenía inquietud. Como una alumna que expusieron sobre el estrado de la clase por la culpa de tener malas notas. Nunca había imaginado lo de ser viviente en el cuerpo del humano. A ver... uno de lo que recuerdo es que un dicho del Sr. Solzhenizyin del Instituto de la Tecnología del Paisaje dijo
que "Aquí, dentro de mi cabeza, vive ella". Pero, tal vez, eso no está relacionado con este asunto.
—"Los seres vivientes del cuerpo interior" se pueden dividir en tres categorías—. Alzó los tres dedos. Su voz tenía tono ferviente. Los tres dedos tenían el color rosa, y unos vellos negros encima de las segundas falanjes. —Unos útiles, y unos perjudiciales y...
— ...Y, unos que no pertenece cualquier ¿verdad?
—No, los restos son de que no sabemos de cuál todavía.
 Inesperadamente, se levantó el Sr. Morsa con cierto ruido. "Paf".
—¡Así es! a usted enseñaré esto.—dijo meneando la cabeza como perdió su rumbo de mudarse, de repente, abrió las tres gavetas a la vez y hurgó los contenidos del cajón. Luego, sacó una hoja de papel: encima, se veía una tabla cronológica de una historia de algo. 
—Esta es la tabla cronológica que muestra el nacimiento de la Tierra, antropoide, simio y hasta la llegada del homo sapiens. Se ve de casi una longitud de tres millones años.
Eso parece una hoja de fotocopia desde una página de algún libro, que tenía las líneas de garabato subrayado con el bolígrafo rojo en unas partes. Además en la parte superior se ve una gráfica como una curva de la demografía.
—Unos objetos perjudiciales, dentro de poco, exterminaron, sin embargo cosa útil y desconocidos aún no se atrae más.

 El Sr. Morsa indicó la parte superior de ese demografía.
—Según mi misma observación, las bacterias interior en los aparatos digestivos han establecido en la escala de la evolución del antropoide. Están casi mismo que los del homo sapiens. Ya habían podido ser un omnívoro. Sin embargo después de entonces; aparecio ALGO que acabó de hacer a nacer el homo sapiens mismo primera vez.
 Este es uno de los virus, que ha morado casi en la época del antropoide, estaba empezando a mudarse por cerebro y emprendió actuación.
 Yo sentí a vomitar y ahogar aspiración. El viento del respiración del Sr. Morsa hizo ondear al viento la hoja de la gráfica.
—No se asuste ya.
—Sí— dije con sonrisas.
— Este acontecimiento, resulta que no tenía ningún perjuicio. El virus que sea establecido al cuerpo del humano, especialmente, se reveló su talento en el cerebro. Incitaron al crecimiento de las sustancias que trabajan a transmitir dentro de los nervios del cerebro. Con estas funciones, aceleraron un evolución de cerebro peculiarmente: en el cráneo, la capacidad y el tamaño de contenidos se aumentaban más y más. ¿Me siga usted?

 Estaba absorto en su curso. Me pareció aceptar la enseñanza privada.
— Nosotros nos enteraremos con eso: esta curva de la demografía. Comparado con la proporción del cuerpo, solo el tamaño de la esfera cerebral se hipertrofia de repente. El nacimiento del humano: el homo sapiens era un fenómeno consecuente a esta aumento de las células de cerebro. Es decir que era una síntoma de la enfermedad por virus. ¿Qué piensa usted, no le pasma?
 Desde luego, me pasmó muchísimo.
— Y, ¿qué es esto, esta línea curva ascendente?
— La alteración del tamaño del cerebro. Durante 2500000 años se aumento de quinientos a casi mil quinientos cc, casi tres veces más. Además el 85 por cientos de esos mil quinientos era de la corteza cerebral nueva.
— ¿Eh?
— En resumen, son las sobras del cerebro para vivir una vida sencilla. Se puede definir que el humano está en la enfermedad del "mismo HUMANO".
— ¿ En la enfermedad? Nunca he escuchado tales conceptos.
— Seguro que no. Esto es justo mi hipótesis.
— ¿Una hipótesis suya ?
— Sí, no puedo demostrarlo todavía. ¿Puede usted entender "por que no"?
— ¿Acaso todavía no lo ha descubierto?
— No se podía encontrar. Porque ninguna persona había ofrecido su cerebro vivo.
— ¿El cerebro vivo..., vivo? ¿Se necesita solo en estado de vivo?
— Por supuesto que sí.
— Y, si ...un experimento de animales. ¿No le sirve ?
— Usted. ¡Todavía no puede entenderlo...!— el Sr. Morsa alzo la mano derecha hacia mi cabeza y en frente de mi cara abrió los cincos dedos con fuerza— ¡No, solo un cerebro...del individuo!

 Me sorprendí y encogí los hombros atónita. Nos enteramos que un individuo estaba de pie detrás de la puerta.

Capítulo 8 La Gelatina azul


 Arqueadas las cejas como un Buda de DAIKOKU y sudando la frente, el dueño de restaurante Kumamaru-soba estaba de pie riendo. Nos inclinó la cabeza y dijo.
— Bueno, discúlpame, pero tuvimos muchos pedidos para repartir comida a la vez ahora mismo. ¿Blanquita, estarás lista?
— Sí, por supuesto, señor.
 Rápidamente metí el tazón de tempura terminado en la caja de OKAMOCHI. Cuando recogi los palillos usados, oí la voz del Sr. Morsa por la espalda.
— ¡También aquí, en estos se pega "virus"!
— ¡Señor, ya basta! — objeté. E inclinando la cabeza seguí diciendo— Muchas graciaaaas. Corrí por el lado del dueño de restaurante.
 El dueño anduvo adelante y rascándose la cabeza.
— Acabo de recibir unos pedidos de los estudiantes de "la piscina", Blanquita.
— ¿La piscina? Eso, ¿dónde está ?
 Yo estaba siguiéndole, temblando la puerta del cajón de OKAMOCHI.
— Sí sí , un poco más allá.
 Al lado del edificio de la investigación, encontramos un sendero en cuesta que se dirigía al prado oeste. Unos bichos voladores estaban zumbando y nos impedían el paso. En la cuesta, el dueño estuvo arrancando las hierbas de obstáculos, y yendo el camino arriba en serio.
— Vamos a subir más.
— ¿Eh?— No pude contestar con palabras, solo estaba siguiendo al dueño.
 El sendero se empezó a cubrir con hierbas como un rostro de hombre muy barbudo. Un bicho o pájaro huyó unos metros adelante del paso. El dueño se paró sin previo aviso.
— A ver, la verdad es que, me da vergüenza un poco, pero se me ocurrió de que sentía... te preocupé de repente.
 Otra vez él empezó a sudar en la frente.
— Hay un rumor extraño alrededor de este hombre.
—¿Del Sr. Takahashi de la Investigación del Virus en el Cerebro, verdad?
 Asintió el dueño con la cabeza.
— Hasta hace diez años, él hacía disecciones de animales vivos.
— ¡Vivos!
— Habladurías, que de perros, gatos, insectos, peces y cobayas.
 Según lo dicho por unos estudiantes, todas las disecciones hechas eran como si todos los cráneos estuviesen rotos en dos... Muy extraño ¿no?
— Aha.
 Súbitamente, el dueño me miró y se fijaba un rato en mi cabeza.— A la vista, tú estás sana y salva...
— ¡Por supuesto que sí!
— Perdón, perdón. Me preocupaba demasiado. Y, era una mentira, lo de petición de los estudiantes del club de natación, discúlpame.
— Nada — puse la caja de OKAMOCHI encima de las hierbas. Descubrí que los tobillos del dueño estaban hinchados y enrojecidos por unas picadas de mosquito.
— Muchas gracias —dije con voz pequeña.
 Esta vez, el dueño no contestó, y estaba buscando algo. Alzó la mano derecha a la altura de los ojos y dijo:
— ¡Mira, allí se ve!
 Miré hacía donde señaraba el dueño. Desde encima de las tejados del edificio de las investigaciones del color naranja, se ve una piscina. ¡La piscina!, me gusta mucho, como un pedazo de gelatina azul esmeralda, que estaba temblando debajo del sol. ¡Resplandeciente! A mí me dio sensación de anhelo, desmayé y sentí picor por la nariz: pareció que me aplastó el corazón.
— Tú te pirras por ella.
 Él entendió mis sentimientos y se rió.

— No necesitamos subir hasta la cumbre, contemplamos desde aquí.
 El dueño se sentó cansadamente en la hierba. Puse la caja de OKAMOCHI encima de una raíz de un árbol. Encontré muchos bichos. Bajo mis asentaderas habrían también unos 5 o 6 insectos.
— Aquellos chicos son del club. Pero terminaran mañana los entrenamientos por vacaciones.
 Al lado de la piscina, los hombres que se parecen a unas obras de arcilla brillaban. Unos y otros estaban hurgando el contenido de la gelatina azul. De vez en cuando se oyeron las voces en eco como un ritmo de SHISHI-ODOSHI: un objeto artificial de bambú japones.

— ¿No quieres nadar ya?
— ¿Qué dice... usted?
— A partir de mañana, no estarán. Así que no les importarás. Podrás nadar con alivio y libertad.
 Yo tenía un sentimiento que acabaría por disolverme... como una niña que estaba al lado de su abuelito favorito.
— Temo que me reprendan.
— No te preocupes. Voy a obtener el permiso del Sr. ITO. Él vendrá uno de cada dos días para mover el motor de la bomba por desinfección.
— ¡Bah, qué trabajoso!
— Se encargarán todos los miembros de secretaría. Así que no es tan duro.
 De repente, en la piscina, aparecieron muchas salpicaduras grandes a la vez. Los chicos empezaron una carrera de natación. La gelatina estaba siendo hurgada con mucho ímpetu, muy cautico.

— ¡Oye! Un favor, si puedes...— el dueño dijo con algunas vacilaciones, acariciando una parte de su cabeza.
— Sí, ¿cómo?—contesté recordando que él era mi jefe.
— Solo quiero... una vez— aquella expresión titubeante me puso inquieta. Pregunté qué quería el, manteniendo mis ojos con su cara.
— Pues, Blanquita, ¿podré verte en bañador?
 Precisamente, me sorprendí de verdad, porque "Mi imagen en bañador" no me importaba nada y no sentía ninguna vergüenza hasta entonces. Si tenía un poco de vacilación, era porque yo no era una alumna, además podría molestar a los demás. Esta era la única razón, y no quería ser ocultada a los ojos de los demás. Sin embargo, esta exagerada expresión del dueño me dio una extraña sensación. Por poco estuve a punto de decir que “cuando quiera” pero pensé que no era adecuado a esta situación, por eso dije:
— Aha, sí muy bien, pero... sola una vez ¡por favor!
 No era mi respuesta sincera.

 A propósito..., o debía usar otra palabra, no sé. Pero en la universidad, entre los estudiantes, no había ninguna chica o mujer. Los hombres, que estaban mezclando la piscina con espumas blancas, eran solo hombres con cuerpos de color café. Eso significa que... ¿acaso yo estaría andando con mis dos piernas blancas desnudas allí ?
— La piscina se construyó hace tres años. Así que está chula, ¿no? ¡Qué orgullo! Pero antes era desastroso. Había una piscina como una de un SENTO: éstas del baño público, viejas con las baldosas rotas. Cuando la dejaban llena de agua, después de primavera, se crian unas plantas acuáticas en toda la superficie, además las ranas ponen huevos, por eso se veían renacuajos desfilando con buen orden.
 El dueño animó de un tirón como exorcizado.
— Por esa situación, los trabajos de lavar y secar la piscina eran responsabilidad del club de natación. Por eso no era popular entre los estudiantes.
— Vaya, quizá se parecía un pantano artificial, ¿no?
—¡Jajaja! Sin embargo, había una persona a la que le gustaba mucho esa piscina que parecía un césped de las plantas acuáticas.
— Acaso, ¿era el Sr. Harada de las Investigaciones de Tecnología de los Paisajes?
 Asintió el señor. Yo pensaba no sólo en la piscina sino también en algún otro lugar más alto. Tal vez allá un prado por arriba.
—Señor, ¿si encontráramos por aquí unos setos de azalea?—pregunté.
— ¿Azalea? Sí, por aquí, más arriba, hay azaleas de todos tipos. Además desde allí se pueden ver los árboles y unos paisajes de la ciudad lejana.
 Bingo, como imaginaba.

El camino serpentino

Capítulo 9 El desconocido


 Desde el siguiente día, yo iba al restaurante Kumamaru llevando mi bolsa con el bañador que contenía los recuerdos felices, la toalla de baño y gorro de natación. Sin embargo, el "proyecto" no se ejecuta bien. Porque todos los días, descubría un hombre desconocido al lado de la piscina.
 Al regresar de haber repartido las comidas miré al hombre detrás del árbol. Después de dejar la caja de OKAMOCHI al lado del edificio de investigación, subí al montículo por mis ejercicios. Al fin, no sentía ninguna molestia, ya tardaría solo dos minutos para llegar a la cumbre. Aquel hombre debía ser alguien conocido, pero no se distinguia fácilmente desde esta distancia.
 No se movía lo mas mínimo, por eso a primera vista pensaba que era un muñeco grande. Pero cambiaba las posturas muy despacio y se sentaba en el banco. Después se quedaba quieto como alguna estatua de piedra. En todo momento él se limitaba a mirar a la superficie del agua.

 Al observar la piscina desde el prado, cuando no había ninguna persona ni acción de chapuzón, estaba raro: sólido, suave y misterioso. Siempre estaba mirando el reflejo de su cara sobre la superficie del agua. Eso creía.
 Él parecía un estudiante investigador. Día a día, estaba vigilando este paisaje con sudor en la frente. Esa escena de la piscina azulona se me quedó grabado en mi vista profundamente.
 Bajando el sendero, estirando el músculo del cuello, esforzando los deltoides y saltando yo. Dudaba. ¿Quién sería? Si él no estuviera alli podria saltar y darme un chapuzón en la piscina inmediatamente.

 Después de comer “los tallarines de alforfón sin salsa”, el Sr. Ito dijo:
—Me gustaría un café con hielo, por favor.—y me sonrío — a ver, el hombre...
 Él paró de decir, solo con un pequeño movimiento de su mano. Yo le llevé los palillos a la mesa. Sr. Ito estaba acariciando la cabeza del palillo y meneando la suya.
— Era el hombre del Instituto de la Historia de las Justificaciones.
 Detrás de la barra, el dueño dijo para sí, “así adiviné ya”. Y llevando el café frío al Sr. Ito y le preguntó, “¿cómo se llama él?”
— El hombre del Instituto de la Historia de las Justificacion. Se llama Sr. Káita. Todo el verano, después que el club había cerrado y sin alma, el hombre apareció, seguro.
— Es una persona tranquila, creo. Pero ¿qué hace en la piscina?
 Después de mi pregunta, el Sr. Ito inmediatamente manoseó el palillo y había bajado su mirada al suelo.
— Yo tampoco entiendo. Tal vez, tiene algun recuerdo.
 Entonces descubrí que al dueño se le alteró el semblante de la cara, y no me atreví a preguntar más.

Capítulo10
La fiesta de los fritos de Langosta

 Por la mañana, empezaron a cambiarse las nubes a color gris y meneándose dinámicamente de arriba a abajo, alrededor de las diez, tronó de golpe a golpe, y las nubes negras se estrecharon encima de los montes y los árboles.
 Yo corrí y escapé como desde algún cuerpo natural y desconocido, y me he apresurado a entrar en el restaurante. Entonces, de repente, sentí extrañamente que los fluorescentes brillaban más que en un día normal.
 Cuando cerré la puerta enrejada de rejas del restaurante, me di cuenta de que ya estoy acostumbrada a este lugar. Hoy no huele ningún olor de la sopa de soja. El dueño me dijo que no haría ningún orden hasta las dos, será por su sexta intuición. Podía creerlo. El dueño siempre podía adivinar los pedidos de café y repartos de la comida sin errores.
 ¿Qué tengo que hacer? Me senté sobre una silla con mis pies abiertos con postura de un tranco. Las ventanas estaban traqueteando contra las presiones de los vientos violentos. Y, se oyeron los golpes de torneos de nuevo.
 De repente, recordé un cuadro estadounidense titulado "Trueno lejano". Ese cuadro era claro e impresionante aunque tenía los colores nublados como un curry bien cocido. El título era traicionero, no tenía ninguna luz de relámpago. En el cuadro se ven los árboles de un prado, una mujer con vestidos de campo y un perro grande que estaba al lado de ella; ambos seres estaban durmiendo la siesta. La cara de la mujer no se ve, ocultada en el sombrero de paja. Sin embargo, con atención, se descubre que el perro alzó la cabeza y estaban abiertos sus ojos. A todos nosotros nos pasaría lo mismo cuando estando tranquilos, nos pueda despertar de ruido de los truenos, aunque sean lejanos. En este momento, todos no volverán a ser adultos, sino al niño propio.
— Sí, seguro que este cuadro era un Andrew Wyeth.—dije sola.

 A las once, más y más oscureció fuera de las ventanas. Dentro del restaurante hacía mucho calor y humedad. A veces, los vidrios emitieron luces azules y reflejaban vagamente la tierra. Sentía por primera vez esta atmósfera. Se difuminaba el conocimiento de la estancia del restaurante. ¿Acaso estuviera en un camarote de un barco? Se veía un mar de tempestad fuera de la ventanilla, y pensaba que era posible que me marease al moverse el suelo con movimientos enormes abajo de los pies.
 Interrumpiendo mi pensamiento, las gotas de las olas empezaron a atacar las ventanas. "Pang, pang”, golpearon el agua de costado.
— ¡Wao! —grité y me puse de pie.
— ¡Vaya, ven, ven! — el dueño también emitió una voz, pero parecía alegre.
 Yo me acercaba a la puerta con vacilación, y abrí el tirador de la puerta.
 De repente se oyó “Bum" y el viento entró, bailaron los papeles pegados en la pared. Los árboles se teñían a tinta china y el cielo oscureciendo presionaba al paisaje con pesos de plomo.

 El sendero blanco de siempre, ahora empezó a cambiarse en color negro como café y había recibido unos azotes de la lluvia y levantó polvo. Cerré la puerta central enseguida, entonces sentía algo ..., sin palabras, pero me conmovió. Como si algo estuviese hirviendo, como si algo nos acosase. A la vez, una imagen como miles de personas mirándolo juntos: me ocurrió un sentimiento algo divino.
— Vinieron hasta más no poder — y se rió.
 Pero es un poco raro, decía que no vendrían clientes, sin embargo ha encendido el fuego del horno y lo está vigilando. Se oyó un sonido de aceite hirviendo. Cocinaba algo por un momento, pensaba que me equivoqué al oírlo. Acaso no ha sido el sonido de aceite hirviendo, ¿sino el sonido de lluvia?¿El del vidrio azotado con gotas de lluvia? Sin embargo, no es así.
—Justo después de las 11, vamos a hacer una fiesta.—con esta palabra alegre yo aseguraba que sí, de veras. El dueño estaba friendo la TEMPURA de langostinos. Por añadidura, unos pedazos de cebolla y hojas de ajedrea; estaba llevándolos a la mesa del restaurante.
— De vez en cuando, lo hago... “esto”.
 Abrí los ojos con sorpresa. Los langostinos magníficos del tazón dos veces más grandes que como siempre. Me parece como las colas están irguiéndose con sonido crujiente, y son bellas. Además, los ocho langostinos se apoyan alternativamente.
 Tintineando un sonido, desde la cocina, el dueño había traído dos botellas de cerveza. Dada mi intuición corrí a por la cocina por las vasos. Mientras subían los humos desde los langostinos él arranco el tapón. Se oyó "Psss” Yo paré mi mano con el vidrio espumoso.
— ¿Qué te pasa? —dijo el dueño.
 Le contesté si haría pedidos de comidas, estabamos confundidos entonces.
— No, no hay —dijo el dueño.
— Bueno, verdad es que...
 De pronto, el dueño mostró un rostro dudoso, pero de repente con cara seria;
— Ah, sí, pero hablando francamente, ¿te gusta?
— Sí, pero sería un problema si tuviese la cara enrojecida ¿no?
— Tienes razón, eres menor de edad. Pero hoy no harás pedidos.
 Justo entonces sonó el timbre del teléfono.
 Yo le dije a él, "Ya, ¡mira!" y él contestó;
— No, no es llamada de pedido.
 Cuando yo me levanté a por el auricular telefónico, él dijo "Tengo una idea, ¡apostemos!".
 Así que decidí y dije;
— ¡Vale, los restos de langostinos, y ya!
 Y, señalé unos cuatro langostinos en la mesa.
 Era una llamada del Sr.Ito, con un pedido de café: quería que me traiga unas once tazas de café a la sala de conferencias. Sin embargo, sentía que tenía alguna preocupación. Detrás del auricular, podía oír voces de otros. ¿Quiénes serían? "Pero no hay remedio, solo debemos hacerlo."
 El dueño me preguntó qué me pasó, y contesté que era un pedido de café.
— ¡Tú ganas!— dijo rotundamente.
— Pero…, es que es a las dos de la tarde el pedido.
 Faltaba mucho rato hasta las dos. Al fin y al cabo, comimos cada uno, dos langostinos; él asumió el cargo de todas las botellas de cerveza y a mí me di una botella de soda azucarada que él había traído.

Los perros de Dairen

Capítulo 11
La hermana difunta en DAIREN


— Es que ayer me pasó una cosa con suerte...
 Dijo, el dueño mientras se acercaba la copa de cerveza a la boca. Me sentí extrañamente incomodo. Porque hasta entonces pensaba que esa persona era siempre una persona cuyo papel era traer suerte a los demás. Sé que esta imaginación es fantasía rara, pero me enteré que había creído así. Una persona o mayordomo como si estuviera por el mundo entero, quien estaría preocupando solo a los demás. A ver, ¿cuál sería su suerte?, en sus días cotidianos sencillos. No es culpa de la cerveza o el ruido de la lluvia, me concentré en la imaginación por su “suerte”.
— Es que... un CD, lo me toca... de una artista que me gusta mucho. Le solicité con la carta a la televisión que quería suscripción. Según decía, en total, por unas treinta personas, bien, es la primera vez en mi vida.
— ¡Era maravilla! ¿no?— grité con voz alta, pero en el corazón al contrario, me decepcionó mucho, no sé por qué. Entonces no quería saber más noticia de la artista del CD.

 Yo quería cambiar el tema de conversación, así que pensaba mucho. Pues, me di cuenta que en mi paladar la cola del langostino frito estaba muy bien cocida y crujiente, además sentía que era muy fácil para tragar en el paso de la garganta, pero creí que este tema no tenía el poder suficiente para cambiar la conversación así que lo dejé. Hablaré de otra situación. Y, dijé:
— A ver, en caso de DAIREN, ¿hay mucha lluvia como aquí?
 Así, amplié el campo de conversación. Sin embargo el dueño no aceptó mucho el tema nuevo. Alzó la vista al techo mordisqueando la hoja de ajedrea.
— Uy, Blanquita. La verdad es que...no lo sé.
— ¿No lo sabe? ¿Qué no sabe usted?
— Lo de DAIREN, no lo conozco.
 Yo, inclinaba la cabeza un rato.
— Quiere decir que usted no tiene recuerdos, ¿verdad?
 Le pregunté otra vez. El dueño cerró los ojos. Y se veía que los párpados estaban enrojecidos un poco: parecían dos cucharones del revés. ¿Estaba eligiendo las palabras o pensando algo? Empezó a hablar sin abrir los ojos.
— Sí, sí, quizá yo vivía en DAIREN.
 Calló otra vez. Agarró el vaso con ambas manos. ¿Acaso a su mente le llegaron las imágenes de DAIREN?
 Un rato después, al fin, abrió la boca:
— Yo vivía ...en DAIREN. La tierra estaba muy polvorienta. Por allí, más allá del polvo amarillo, muchos perros musculosos ladraban repetidamente. ¡Guau, guau! Pero, sí, " yo vivía en DAIREN" no eran solo más que palabras, escrito como, "yo vivía en DAIREN".
 » Lo siento mucho, pero así es. La verdad. En mi mente y en mi cabeza, no tengo ningun recuerdo auténtico. Solo me decían así, mi madre. Pero mucho después, pensé que era un error de mi madre. Eso creo ahora. Cuando justo en el último lecho, unos días antes de su muerte, me susurró con hilo de voz " Tu vivías en DAIREN, hijo”.
 » Sin embargo, Blanquita, las palabras no tenían un sentido importante, no era como último aliento antes de marcharse. Sin poder para hablar. Como cuando leía libros con dibujos para niños en la cama, o se aburrido leyéndolo... sin entusiasmo... ya. Sería como la palabra de la desgastada borras de té de ayer.
 » Sin embargo, por culpa de esta hoja desgastada de té, desde entonces he creído que antes vivía en DAIREN, ¿dónde está DAIREN? Desde luego, una vez vi mi registro civil: no encontraba por ningún lado DAIREN. Yo lo sabía desde la primera vez. Si vivía allí a pesar de ello, ¿acaso nací allí y luego me registraron aquí en el propio Japón? O después de nacer tenía una plaza de estancia en DAIREN por alguna mudanza.
 » Salvo los recuerdos de los ruidos de los ladridos de los perros y el humo amarillo polvoriento: no recuerdo nada tal vez. Bueno, no me importa. Ahora estoy ocupado con las cosas del restaurante. Si me aparece "una imagen de DAIREN" frente a mis ojos, no habra remedio. No tengo ningún espacio de sobra en mi cabeza. Lo cual pudiera hacer cualquiera. Si me agarrase... que será, será, no me importa, bueno. Luego, soy rápido para olvidar, o al contrario, se criará y criará más dentro de mi cuerpo.

 Después de contar su recuerdo, bebió un vaso de cerveza de un tirón.
— De acuerdo, sí, es posible que se críase más grande...cuando levanto la cabeza mientras cocino; inmediatamente se aparece un paisaje de tierra amarilla polvorienta. ¡Vaya, qué podré hacer! Sin escapatoria. Ay, mamá, ¡ella me podría decir claramente qué era un error! Resulta que sería mi alivio... pero no hay remedio.
— ¿No hay algún método de investigación?
 Yo lo dije manoseado el vaso de bebidas, y el dueño negó con la cabeza.
— ¿No sé si era una equivocación con el caso de mi hermana? Las memorias sobre los bebés, después de largo rato, se confunden con todos juntos. ¿Acaso el bebé que nació en DAIREN sería mi hermana?
 El hablar con fluidez del dueño había sido la culpa de la embriaguez. Pero nunca se equivocaba cuando él volteaba la cerveza en el vaso: aún la espuma del alcohol se paró justo al borde del vidrio.
— ¿Es posible que su hermana lo sepa?
 Le dije, y un rato después, recordado mucho esta impresión del silencio como un sentimiento muy único en mi memoria. Solo unos segundos después; los sonidos de las gotas de la lluvia corrieron desde la ventana oeste hasta al lado de la pared de paneles norteños, y temblaba la puerta. Ahora, puedo sentir que se puede decir que "el silencio" es un tiempo de batalla dentro de la mente de la persona.
— ¡Caramba! Se murió a la edad de catorce. Ya no está en este mundo.
 Dijo con alegría, más que tristeza con la cara un poco risueña. Así que... yo lo escuchaba con mi propio corazón.
— Resulta que ya no puedo preguntarlo a nadie.

Capítulo 12
La soledad en la piscina


 Estábamos a las dos menos veinte.
— Terminaré de prepararlo dentro de dos minutos.—yo estaba escuchando la voz del dueño, aún más atenta a los sonidos de las gotas de lluvia a fuera. Tal vez, los vientos se tranquilizaba un poco. Limpiando la caja de OKAMOCHI con un pedazo de tela, tapando la caja con la cubierta de plástico.
— Si quieres, traigo un impermeable,¿no?
 Subió la humareda de vapor cuando entraba café en la tetera portátil.
— No, que el viento cambió a un poco suave, prefiero llevar las paraguas —le contesté. Y abrí la puerta un poco. En frente de mis ojos, se extendió el aire denso, el color blanco como una cortina colgando hecha de las gotas de plata, lo cuál estaba doblando y doblando eternamente hasta el extremo de los neblinosos árboles grises. Cada gota había caído desde el cielo a causa de la gravedad de la Tierra, aunque estaba protestando al viento. Así hacían millones y billones de las obras de la naturaleza, y la superficie de la Tierra se bautizó.
 Cuando me envolvieron con la presión de los aires frescos, se me ocurrió inmediatamente una imagen especial. Acto seguido, preparé un bolso con un bañador, sin ruido, para llevármelo por no levantar ninguna sospecha del dueño.
 El Sr. Ito dijo "Hace una lluvia horrible. ¿Quiere llevar los platos al piso de arriba, por favor?" pagando el importe de los pedidos.
 Los escalones y el descansillo, todo vacío, los cuales cambiaron a un semblante de la sustancia propia, perfectamente como los de muestras de “museos de la naturaleza” antigua.

 Como siempre la sala de conferencias era demasiado grande y vacía, aquí encontré a los gemelos del otro día... Sí, al Sr. Solzhenizyin de "la Tecnología de los Paisajes" y al Sr. Morsa de "los Virus del Cerebro". Entonces me extrañé al recordar la escena que antes no podía distinguir entre ellos dos.
— Bueno, bueno, Señorita MITSUKO...a usted también.
 Sentí como si los dos hombres hablaron a la vez.
— Mira, no hay diablos que hacer, hoy.
— Debemos a cumplir la conferencia de promoción previa mensual de la administración de la universidad...pero...
— Pero, ningún miembro apareció...por eso...
— El Sr. Ito deseaba que tengamos que empezarla de cualquier manera...
— Pero..., no encuentro ni palabras...todavía solos nosotros dos.
— Si hubiese alguien más... ¿qué tal serían solos los caracoles de la colina de atrás?
— ¡Pues bien!
— ¿Quiere usted unirse, ahora mismo, señorita?
 Así los dos me dijeron. Yo rehusé la invitación de los dos cortésmente con gesto de inclinación. Y había llenado dos tazas con café y dejando la tetera de café entera para echándose el resto en las tazas: me retiré de prisa.

 Después de salir desde la sala, en el corredor, al lado de la esquina, me volví a mirar atrás. Confirmé el ambiente. Nada. Estaban durmiendo paredes, suelos y placas del laboratorio. Todo me pareció tranquilo como cerrándose sus ojos por casi un cien años.
 De puntillas y sin hacer ruido, empujé la puerta del baño de chicas. Los vidrios azules reflejaban las luces al aire hermético. Aquí también, todo estaba durmiendo y ya se extinguían los olores de la biosfera. Por allí me he quitado la camiseta... Envolví el vestido con la toalla de baño, lo metí en la bolsa de plástico y lo puse debajo de la caja de OKAMOCHI. Y me cambié la ropa al traje de baño.
 Después de poner el gorro de nadador, yo me transformé en una forma de la bala.
 Y luego, paulatinamente estuve caminando bajo la lluvia.

 Al lado de la piscina, no había persona ni sombra. Estreché los brazos, doblé las piernas y enderecé los tendones de Aquiles para ejercicios de calentamiento. Con cada movimientos, las gotas de lluvia me caían en mis muslos, rodillas, hombros y espalda. Había doblado mi cuerpo y mirado a lo alto del cielo, con la sensación de que me quitaba unas cosas cargadas mucho rato hasta ahora.
 Aunque el cielo no tiene ningún signo, estuvo simpático. Me caía muy bien como un viejo amigo cuando nos vemos después de buen rato. ¿Yo había tenido un sinfín de problemas difíciles que ponía encima de mis palmas? He creído que no debía dejarlo , hasta solo uno de estos, y las había cargado en la mente sudorosa.
 Ahora, mis pesadas cargas se habían despegado desde mi cuerpo, como cuando la pala mecánica se deshace de algo de la tierra.
 Cuando yo era estudiante de colegio privado, lo primero de mis aficiones, luego de estar a regañadientes, me mandaron a nadar muchísimo en el club de natación. Hicimos muchos ejercicios duros hasta casi estar con náuseas. Resulta que podía participar hasta la competición nacional. Ahora, aquellos asuntos, sentía que eran graciosos. Aun cuando sin objetivo, yo puedo nadar en cualquier caso. Ahora he obtenido un cuerpo propio para nadar, sí. Es decir cuando vuelva a cambiar al pez, tal vez, sea posible quitar todas las cosas alrededor del mundo terrenal. Sí, bien, después de desecharlo, voy a emprender a investigar con toda tranquilidad. ¿Cuál seria el más necesario y cuáles no por mi propia vida? Con el suficiente rato, voy a sopesarlos dentro de "mi habitación especial".

 Debido a los sonidos de las palmadas de lluvia encima de la superficie de la piscina como aplausos de un concierto, yo pude lanzarme al agua de la piscina sin ruido perfectamente. En seguida, como cuando después de apagar un aparato de CD, los aplausos entusiasmados se extinguieron de inmediato. En este momento, en el silencio macabro yo me transformé en un pez.
 Dentro del líquido tranquilo que se parecía al del polo Ártico, yo me extrañaba de nuevo. Por un rato olvidaba la verdad, que yo fuera un mamífero viviendo con el aparato respiratorio pulmonar del aire, y estaba disfrutando del tiempo excepcional. Estaba buceando como una raya, o girando como una nutría marina y echando burbujas por los orificios nasales.
 Dentro de este mundo silencioso y tranquilo, siempre puedo tener la sensación de claramente despertarme. Porque, tal vez, los extremos de mis cuatro extremidades, todos los rincones de mi cuerpo entero y toda la superficie de mi piel han sido cubiertas y envueltas por los líquidos: así que yo pude tener de nuevo esa sensación, esa conciencia del campo físico del reino real de mi cuerpo.
 En este momento, la sensación de la armonía perfecta del cuerpo y el alma era incomparable. Las cosas que aparecieron en frente de mis ojos, por ejemplo, las figuras rectangulares de las baldosas bamboleando al fondo de la piscina, los surcos, los estucos y los rastro de reparación, la pared del final difuminada que estaba más remota que las líneas blancas de la distancia de cincuenta metros y la línea que deslindaba el aire y el líquido, el cual se balanceaba pesado como mercurio; esas cosas me atacaron a la vez con el sentido sólido de la realidad y con las imágenes primarias, me parecía que estaba ante las cosas importantes de la vida humana.
 Las impresiones. Muy, muy primitivo pero no tenía otro ejemplo para explicarlo: sólo se puede informar mientras sea el tiempo auténtico. Sí, después, con cualquier palabra, al lado de la piscina, nunca podría explicarla a nadie. Espero estar con alguien, en algún día que bucearemos, nadaremos juntos y compartiremos juntos esta sensación. O sería imposible: pienso que la serenidad del humano no podía repartir eternamente estos primeros paisajes.
 Las cosas que no podía comunicar en el agua tampoco podíamos hacerlo encima de la tierra no sé. Concebiremos la mera ilusión: que las palabras enlazan a los humanos. No. Al revés, a causa de las palabras, se crean conflictos y despedidas, ¿verdad?
 Si yo fuera un pez, no necesitaría concebir ninguna ilusión en otro vecindario de peces ni necesitaría hacer conversaciones.
¿Acaso los humanos padecen "la enfermedad de las palabras" desde muy antiguo?
 Me precipité olas arriba, coloradas de plata. Desde abajo se podían ver una esfera de revés, de los círculos del agua esparcidos. Esos estaban expandidos y doblados como unos dibujos minúsculos en los tejidos de la tela.
 En la época de mi colegio, había hecha natación: en el estilo libre, espalda y hasta el equipo de sincronizada. Siempre pensaba que podría sincronizar mis sensaciones con los entusiasmos de todos espectadores terrenos y mis sensaciones: unía ambos cuando ponía la falda al aire con mis piernas y cintura desde el agua abajo hasta el aire arriba, atravesando la línea horizontal.
 Después de renunciar a las funciones de las palabras, al fin, podremos comunicarnos con el cuerpo físico que tenía una sustancia real.

 Después de haber agotado enteramente mi oxígeno y estando azulísimo, los dolores durísimos en los pulmones y con la piel de gallina, me precipité a la atmósfera pura. He hecho unas explosiones de mis pulmones y respiré el aire y había encontrado el fenómeno terrenal: la lluvia. Y ya estaba otra vez en la piscina de la universidad.
 Me agarré a la barra de acero inoxidable y trepé a duras penas. Encontré a un hombre a lo lejos. Este hombre era la persona que siempre se había sentado solo al lado de la piscina : se lllamaba, Kaita.       

Capítulo 13 Un suicidio


 A mí, ya, nada me amenazaba. Así que, agitando mi brazo le dije.
— ¡Holaaaa, señor Kaita!
 Entonces, él solo estaba enderezado de pie como un tronco de madera sólido con un rostro que no entendía qué ocurría en frente de sus ojos. Al contrario yo me iba acercando al señor a lo largo del borde de la piscina, pisando los charcos de lluvia con mis talones desnudos. Me di cuenta que él también se había mojado todo el cuerpo, chorreando gotas de agua. En este mal tiempo de lluvia sin paraguas. Es decir, todo era muy raro.
— ¿Por qué no usa paraguas, señor Kaita?
 Desde el cielo alto las gotas de agua caían y rompían encima de la superficie de nuestras pieles y de la piscina. Se me ocurrió una imagen fantástica con nosotros dos, ambos subiendo al cielo con la misma velocidad con que las gotas descienden. Sí, volamos al cosmos.
— ¿Qui...quién es usted?
 Se perdió su sensación y me había preguntado. Me olvidaba que tenía puesto el gorro de natación, resulta que tenía como un huevo de pollo en mi cabeza, y en el cuerpo un bañador negro.
— ¡Aha!, Discúlpame, soy MITSUKO: empleada en restaurante KUMAMARU soba.
 A este hombre le repartí una vez OKAME-UDON y dos veces café. Ya, por eso enseguida debería percatarme. Sin embargo, ahora, sus ojos se veían solo como unas bolas de vidrio casi metálico, y la piel estaba pálida como un cadáver: no se veía que tuviese sangre roja corriente.
— ¡Eh, discúlpame. No tenía ningúna idea de que una mujer estuviese nadando a estas alturas en este clima!
—¡No!, no es su culpa, yo misma soy rara— contesté.
— ¿Por qué usted estaba nadando bajo esta lluvia?
 Por poco le digo a el Sr.Kaita que "por su culpa, que siempre está aquí", pero me contuve mis palabras. Él no estaba normal. Dije;
— Pues, tenía tiempo libre hoy... para nadar.
— Aha...
 No, aún él estaba extraño. Parecía que no entendía nada.
— Usted está temblando,¿no? ¿Quiere usted refugiarse en algún lugar?
— No, no tengo frío... pero, entiendo, voy debajo de los árboles.
 Él se había sentado en un banco debajo de las hojas de un alcanforero al lado de la piscina. Desde luego no sirvió de nada mientras estas lluvias fuertes. No sé por qué, algo me preocupaba de él. Dije, "¿Se puede?" y me senté en el mismo banco con cierto distancia. Me pareció que él estaba mirando las ondas del agua de los círculos concéntricos de la superficie de la piscina. Después de largo rato, él se giró hacia mi, y ddijo, "¿Perdóname, pero... puedo tocarle un poco...?"
 Y estrechando su mano derecha y me tocó suavemente en mi hombro mojado. Sin darme tiempo a responder y apartó la mano: todavía yo no entendí correctamente la razón de su conducta.
— Frío...
 Este hombre susurró como si hubiera tocado algo que no fuese piel de ser vivo o como si tocase a su alma auténtica con su mano propia. Me aturdí al mirar sus ojos que tienen el foco a un lugar ajeno.
— ¿Qué le pasó?
 Después de escuchar mi voz dudosa, se agarró la cabeza. El medio alrededor de nosotros estaba echando el humo de llovizna gris como un dibujo de tinta china del biombo en la cultura de la edad MOMOYAMA.
— ¿Acaso sabe usted mi especialidad de estudio? Se llama "El Instituto de la Historia de las Justificaciones"
— Sí, lo sé —¿Qué relación habría con la piscina?, pensé.
— Aún yo: autor del estudio puedo reconocer que este tema sería reticente. Antes el tema estaba en " El Estudio Comparado de las Religiones, especialmente en caso de los religiosos cristianos occidentales medievales". En la teoría del catolicismo, rechazo del suicidio. Porque se dice que la vida del humano pertenece a Dios.
 » Ya, todo el mundo: cielo, tierra, animales y los hombres. Todos habían sido creado por Dios y no se permitía rechazar su vida destina y regalada. Sin embargo a veces el hombre se suicida por su razón privada. Eso significa una traición contra la autoridad del Dios. No es muy conveniente a la autoridad, por eso la teología siempre define los reglamentos para limitar los actos. A quien hace el suicidio cargaría el castigo en el siguiente mundo.
Pero, ¿no te parece que esta teoría debe ser injusta o arbitraria? Todos los actos de todo el mundo, intentaría encerrarlos ya.
— De acuerdo— le contesté. Mi frente y su frente se estaban mojando con la lluvia.
—A semejantes teorías como esta, yo las lllamaba "la teoría de autocontrol y egocéntrica". Con un Génesis y los miedos del Apocalipsis, pillará al mundo del humano. Resulta que le robarían al humano aún la libertad de suicidio por fin. Pero, pero, a mí, muy.., me parece muy injusto.
 Mirando con mucha atención, me parecía que él tenía en su mejilla algo más que las gotas de lluvia... algo. Seguro que él no solo hizo tranquilamente el cuento de su historia, sino que quería exigir algo.

—Oiga, a través de la ventana de mi piso de arriba, se veía una figura desconocida encima de la piscina y reconocí que esa figura se movía despacio. Luego sentí escalofríos y...vine bajando aquí.
 Desde luego, esa figura era yo.
 El Sr. Kaita, de repente, se agarró sus mismos hombros con mucha fuerza y empezó a temblar.
— ¡Creí que sería ella! ¡Si esa chica se estaría ahogando ahora mismo! ¡Imposible! Ya tenía conciencia. Pero no podía dejar ese sentimiento. No había otra manera de venir aquí sin verla a ella.
— ¿Usted quiere referirse a quien?— dije con mucha sorpresa.
— Me refiero a mi amiga quien se mató a sí misma, hace cinco años. En un rato de mi ausencia, ingirió las pastillas y encima de la piscina flotaba. Cosa cruel, creo...
— ¿Por qué ella había dejado su vida?
— No, no tengo ninguna idea ni sé si yo tengo alguna responsabilidad. De todas maneras no me enteraba de ninguna razón. Pero, sí sentí... solo arrepentirme mucho, muchísimo...

 Entonces, aquí estaba junto al Sr. Kaita en el mismo tiempo y dudé, ¿ahora, qué tengo que hacer? Me sentaba con fuerte angustia. En el ambiente de lluvia, estaba con bañador. Y justo a mi lado, el señor Kaita ansiaba algo sin remedio, pero aún yo no entendía mi papel. Tal vez había hurgado en algo importante y lo había arruinado. Solo frío... sentía que mi cuerpo se achicaba gradualmente.
— Yo le había gritado a ella, a quien ya no podía tocar ni hablar, ella se equivocó. Cometió un grave malentendido. Cualquiera razón que tuviera, no seria suficiente para suicidarse. ¡Yo no lo permitiría!
 Escuchando la voz del señor Kaita, ya no sentía ninguna temperatura de la lluvia gris. Sentía que mis piernas y brazos eran demasiado largos en vano: y tenía vergüenza.
 Él continuaba hablándome.
— A ella, para explicarle que el acto era una equivocación, yo estaba empeñando en buscar cualquier razón histórica que niegue el suicidio. Sí, entonces trataría de corregir su acto terminado ya. Me había adentrado en la teología. “¿Tú no has considerado sobre El Juicio Final...?” así, con estas cosas.
 » Pero ahora, ya, todo había cambiado. Todas las teorías están en teoría cerradas o eran mentiras. ¿No era demasiado triste que ella fuese al infierno? Estas cosas, esas enseñanzase parecen una amenaza para controlar la vida, ¿no? Ya no vivía ella en este mundo terrenal. De todas maneras, como “un pedazo de madera”, estaba flotando por aquí en la superficie de la piscina.
 » Después de la cremación, las cenizas regresaron al distrito CHIBA. Tenía su casa natal justo al lado de una factoría de salsa de soja..., después me enteré.
 » El acto que ya concluyó ella era sólo el camino elegido en su libertad. Ahora quiero reconocerlo. Cualquier teoría tiene su razón y su conveniencia, que quiere proteger sus ventajas del mundo civil con su red original de vigilancia. Sin embargo ella está fuera de la red, allá arriba. Ya ningún método con palabra no va a agarrarle. Muy bien… Así lo he dicho hasta ahora.
—“¿El Instituto de la Historia de las Justificaciones” es un estudio tal ?
—...Sí, me di cuenta de eso, ahora mismo... Estoy investigando las diversas ideologías que tienen la organización de la conclusión exclusiva. Y me refería a cómo se forma entre las dinámicas sociales. Trataba revelar que las teorías tienen unas típicas estructuras con la fuerza de la clausura. Pero al contrario, creo que el humano, esencialmente, es libre desde cualquier predisposición.
 » Sin embargo el mundo social de este tipo se hinchó y cargaba a la gente, resulta que, exige cada vez más y quiere dar una forma fijada y encerrada por el exterior el cual no acepta ninguna modificación. Además fuerzan puesto las diversas ropas típicas o las ETIQUETAS a los actos naturales propios de los humanos. Bueno, no hay más remedio que aceptarlas... pero todavía tenemos algunos casos que no quiere aceptar ninguna etiqueta. Por ejemplo, imagínate, si aquí se ve un paisaje de campo inocente y natural. Como dentro de las hierbas silvestres se crean las frutas del campo, los caracoles están andando pegajosamente encima de las hojas. Sin embargo, un día, un forastero lo verá y dirá “vaya, aquí está inexplorado.” Y quiera entrometerse al estado de la tierra. Y tenderá los carriles para llevar la civilización. Construirá las carreteras y avenidas con árboles y macetas. Al fin dirá “¡qué hermoso ya es esto!”
 » Aquí, encontramos también un ideólogo que se concluyó a sí mismo: hermético. El truco de la Justificación es la existencia de tales castigos. Con el acto de llamar tajantemente, “la INEXPLORACIÓN”, sería uno de los castigos y lo definirá que aquello es un problema grave. A esta ideología yo distingue “la teoría de la conclusión exclusiva”, pero... yo deseaba proteger “el santuario de ella”. El sitio en que “ella”está ahora, donde ninguna persona puede acercar: trato a protegerlo desde los otros manos, como el espacio puro y transparente sin color ninguno.
 » ¡Ya ahora mismo!, reconozco, claramente de nuevo, mis pensamientos. Yo deseaba ser “el guarda del santuario en que está ella”.
  No sé por qué sentí una sensación como si algún aire caliente empezará a envolverme el cuerpo. Me acordé que me cortaba el pelo y llegué aquí: al restaurante cerca de la universidad. Que no me teñí ni trencé el cabello, solo pasaba estos días con limpieza de los dientes y lavarme la cara. El resultado era deseable. Ahora, cualquiera cosa se permitirá a todos.
 A mi también, me permitieron pasar libremente, en un acto de transparencia, ya no arreglado de antemano. Pasaré dondequiera, todo se ve como un acto transparente. Sin arreglando de antemano. Pasaré dondequiera, con propósito o sin propósito. Si hay un sendero blanco o con la figura serpentino, podré caminarlo todo seguido o atraveso sin conocimiento.
 Muy antes cuando justo el ser humano se erguió de pie, todavía no había ningún camino. Cuando alzó la vista y trazó una línea hasta el fondo del paisaje, consiguió un camino nuevo. Así subiría a la roca, atravesaría la valla y, si lo necesitase, treparía una rama: lo haría de cualquier manera.
 Entonces ví el espacio arriba de donde la lluvia nació. Las nubes estaban formándose como pedazos de algodón que ya no podían mantener las gotas de agua, y se extendían. Justo parecía que yo estaría viéndome a sí mismo desde el cielo arriba.
— Pues...Me gustaría pedirle un favor...
 El Sr.Kaita emitió la voz, como si despertase ahora, y dijo:
— ¿Quiere usted dejar su cuerpo flotando en la superficie de la piscina...?
 Entonces yo sonreí y afirmé con la cabeza, a la vez que ponía cara de “¿para qué?“.
— ... Es que, yo no pude verla entonces, su figura flotando encima del agua cuando fue descubierta. Así, por esa causa, al haber muerto alguien, el administrador de la universidad cerró la piscina. Quizá querían que todas personas conectadas con este acontecimiento se olvidasen. A mí, antes de olvidarlo, no había visto nada para olvidar. Si pudiera encontrar la imagen de su muerte con mis ojos propios... si hubiese sido testigo, ya podría aceptarlo y olvidar su triste muerte”.
 Me he dado cuenta de que es un deseo raro, pero él quería verla una vez, a ella en la escena.

 Entonces no podia pensar lógicamente, pero a mi su deseo me parecía muy fácil, además, yo lo quería también. Necesitaba hacer algo para el Sr. Kaita. Cuando un viajero con cuerpo helado viene, quisiera entregarle una taza de té con leche caliente. De tal manera... sí podría hacerlo. Dije, —Muy bien.
 Y me levanté como la imagen de serpiente blanca, primero sumí el cuerpo en el agua de la piscina despacio, luego erguí la cabeza sola en el aire, partí tranquilamente desde el lado y nadé hasta centro de la piscina haciendo unas líneas con las olas. Sin embargo sin espumas blancas ni sonido de salpicadura: nadé con fluidez suave. Después me puse boca arriba, y de nuevo alcé la vista a las nubes en que contenía y emitía gotas acuáticas del cielo. Luego hice el muerto como una niña. Mis cuatro extremidades empezaron a sobresalir del agua ya. Cerré los ojos.
 La superficie de la piel aceptaba las gotas de lluvia;
”tap tap”.
 Un rato, sin respiración. Luego, poco a poco, aspiré con cada dosis del aire necesario.
 Acto seguido sin abrir los ojos, me quité el gorro de nadar. Aha, sí, el cabello ya estaba un poco largo sin conocimiento mío. Lo sentía flotando a los lados de mis mejillas y me hacia cosquillas.
 “Un cuerpo de carne que estaba flotando en un océano tranquilo”. Sintiendo un movimiento de las ondas escasas que me empujaban a la derecha, a la izquierda. Al lado de los labios nacían olas pequeñas y una línea pequeña de orilla en mi frente. ¿La vida de verdad sería así? Y la muerte, ¿sería así? Yo no quiero sentirlo con el pensamiento, sino con mi cuerpo propio. Sentía la presión del agua en mi espalda y el trasero. Al lado, contrario, arriba las gotas de lluvia trataron de sumirme sin agotamiento en el agua, aunque fuese solo un milímetro.
 Sin color, tampoco alguna temperatura. Mi oído se ocupó con el sonido de la lluvia que parecía el ritmo de lo que se escucha en el útero materno. De repente, de algún modo recordé un dejavú que se parecía a este ambiente. A la vez, se aumentaron los colores abundantes que empezaron a inundarse dentro de mi vista por debajo de mis párpados.
  ¡Mira! Recordé un cuadro del autor de Inglaterra en que se mostrado a mujer muerta. ¿De acuarela u óleo del siglo diecinueve? No lo recuerdo. A pesar de que se ve la muerte, la mujer tenía la cara roja fresca aunque encima de la superficie del agua. Estaba flotando en la corriente del arroyo. Al lado de la orilla se veían los colores de las flores y plantas, añadido a la ropa de la bella muerta. No aparecen: blanco, negro ni gris. La bella se llamaba Ofelia y la historia era Hamlet, así lo creo.

 Desde entonces las olas me empujaron el cuerpo muy despacio; estaba empezando a flotar sin rumbo. Los brazos del Sr. Kaita se introdujeron suavemente debajo de mi nuca y mis piernas, y acto seguido, me soportó en esa postura. Yo no abrí los ojos y dejaba quieto mi cuerpo. El señor Kaita emitió una pequeña voz: “Gracias...”, y él me emplazó mi cuerpo hacia la orilla. Con la ropa puesta, él empujaba el agua con lentitud. Reconocí que “la persona” que él llevaba no era yo, sino alguna otra mujer: pero eso, para él, era muy, muy importante: así lo pensé.
— Chica, ya es suficiente... muchas... gracias.
 El cuerpo de él estaba temblando repetidamente, estaba llorando. Pero entonces yo tenia cerrados los ojos. Resulta que no podia distinguirlo: cuáles eran gotas de lluvia o sus lagrimas.

La fiesta de té

Capítulo 14
La fiesta de té en la tempestad


 Todavía no se paró la lluvia. Creí que ya había terminado la conferencia de la universidad en la sala. Así que, yo fui a la sala para recoger las tazas sin regresar al restaurante. Las nubes se oscurecieron más y más. En la sala parecida una cueva oscura, solo se veía la larga mesa muy lúcida como un paisaje del mar. Encontré al Sr. Solzhenizyin y al Sr. Morsa sentados al lado de la mesa, como siempre.
— A ver, Sr. Harada, Sr. Takahashi, soy yo, aquí vengo para recoger los platos.
— Hola, le esperábamos.— dijo el señor de barba Solzhenizyin. — Siéntese donde quiera. Voy a prepararle un café.
 Me di cuenta que el Sr. Morsa ya estaba durmiendo sentado y roncando.
— Ya no teníamos ningún invitado. Por eso intentábamos imitar por turnos la forma de todos, tomábamos café cambiando por las distintas sillas. Yo, tomé tres tazas de café, y él después de cuatro cafés, al fin ya estaba dormido. Entonces, doce menos siete sería...ya, son cinco tazas de café. Resulta que aún hay mucho café para usted.
 Yo no podía contener la risa. ¡Qué jocosos eran los dos! Me interesaba ¡cómo habrían ido sus conferencias! Sería divertido si participara este conversación y escuchara en el lado de los dos. 
— Sería la fiesta de té.
— Quiere usted decir, "la merienda de locos de Alicia", ¿verdad?
 Entonces de repente sonó el ronquido del Sr. Morsa.
— ... Blanquita, está mojado su cabello— notó mi cabeza el señor Solzhenizyin y...
— ...Espero que no pesques un resfriado... — El señor Morsa, sin abrir los ojos, me habló en sueños.

 Aunque la hora eran las cuatro, estaba oscuro y nunca había cesado la lluvia. Nosotros acabamos de lavar los platos y ya había recogido el NOREN.
— El pronóstico dice que el frente de la lluvia se dirigía hacia el norte...— el dueño susurró casi en monólogo.
 El camino en frente del restaurante se transformó en un arroyo de agua cuyo origen era la lluvia. Debía ser una tromba de agua concentrada, seguramente. Me arreglé para regresar y me había secado el cabello rigurosamente con la toalla de baño. Me sentí pinchazos en las sienes. El dueño dijo tranquilamente arreglando los platos:
— Si hiciese mismo estado de tiempo mañana por la mañana, vamos a tomarnos un día de descanso. Entonces puedes descansar en casa, no hace falta que me avises.
— De acuerdo— le dije y agarré el paraguas, luego fui a abrir la puerta... pero se me ocurrió una cosa y me preocupaba.
— Dueño, tengo que confesar una cosa. Hoy he nadado en la piscina.— le dije.
— Aha, ya, lo comprendo. Qué pena que no te encontré.
 De nuevo, fui a tomar el pomo de la puerta. Esta vez, el dueño me llamó y me detuvo.
— Yo también, quiero confesar... Blanquita, la forma de tu espalda.
—¿Sí?— contesté.
— Especialmente alrededor del cuello, se parece mucho a lo que recuerdo de mi hermana. Lo he pensado desde la primera vez que viniste aquí.
— Pues, eso significa que era una chica machona,¿verdad?
 Dije así para tirar pullas al dueño.
— ¿Aha? sí, sí, la verdad es que sí — él dijo así también.
 Nosotros dos carcajeamos un buen rato.

Capítulo 15 El monólogo

El baño

 Al día siguiente, algo estaría repiqueteando fuerte como una campana de iglesia en mi cabeza. Y no podía apartarme de la cama. Además, dentro de mis oídos profundos, unas olas bramaban sin cesar: entendí que eso eran los sonidos de la propia y violenta lluvia del entorno debido al mal tiempo.

 Mientras pasaba el tiempo, observando vagamente el programa del curso de conversación de inglés en NHK. Todavía estaba medio dormida hasta la tarde.

 En la tarde se amainaron los dolores de mi cabeza. Herví el agua, luego me sumí en la bañera, hasta dejé hincharme lo suficiente por la humedad. Entonces empezé a canturrear... , sin embargo, me di cuenta que, no sé por que, decía con una sonrisa artificial:
— Bienvenidos, bienvenidos...
 Así repetía sin cierto conocimiento.

Capítulo 16
Madonna

 La mañana clarísima del verano había partido al mundo en dos partes: una de color naranja y otra violeta. Todo el mundo debía entender que, para un día como hoy, las hojas de los árboles serían de color verde claro y brillaban fuertemente. Aunque no había viento, las hojas de los árboles y otras muchas hierbas se agitaban a sí misma: eso significaba que se mojaban con abundante agua y luego se quitaban su peso al perderlo por la causa del calor del sol, quizá.
 ¿A dónde fueron las aguas de lluvia que parecía que con su volumen podían llenar una piscina suficiente? Y todavía se veía algunos restos de la lluvia a un lado y otro. Especialmente en las esferas del parte violeta, se podían descubrir. Los restos de los líquidos trataban de sumirse dentro de la tierra, jadeando: resulta que se hacían innumerables charcos encima del sendero. Yo andaba cuidadosamente, como dando un respeto a estas colonias de la reina del agua: a duras penas llegué al restaurante KUMAMARU soba.

— ¡Blanquita, te he estado esperando!
 El dueño me dijo con voz alta desde la cocina.
— Me han dicho que hay algo raro con la piscina, el Sr. Ito me llamó tropezándose con las palabras. Ahora mismo, ¿puedes ir allí? Yo acabaré este trabajo, y voy también detrás.
 A ver, el dueño estaba lavando algunos ingredientes en la cesta de bambú y tenía las cosas preparadas para arreglar el trabajo. No sé por qué sentí algún miedo. ¿Qué ocurrió?
 Sin embargo, el dueño dijo "seguro que tendremos unos pedidos de desayuno hoy" y estaba cocinando sopa de soja. Acaso estaba nervioso o con la sangre fría, no podía discernirlo bien.
 En la habitación del secretario, vacía, se veía solo una colilla expeliendo el humo que formaba figuras como letras desde el cenicero. Cuanto me era posible con voz alta, llamé "¡Señor Ito!", pero nada, solo se oyeron unos ecos en los corredores.
 En el edificio de la investigación tampoco había ni pizca de la sombra de ninguna persona.
 Fui al espacio tras el edificio y se oyeron las voces pequeñas desde allá, remotas de los árboles. A juzgar por la distancia de la piscina, eso significaba que estas voces serían muy altas. Dando lo más podía de mis piernas y los zapatos, corrí y pasé los árboles. Al lado de la piscina, un par de personas estaban discutiendo hombro con hombro. Contuve el aliento. Esta escena hizo estallar mi cabeza entera.

 Debajo del sol, todo el agua de la piscina se metamorfoseó en un material naranja y que estaba brillando. De repente, tal vez exclamé algo sin conocimiento, era la culpa de que, en mi conciencia, se rompió la impresión de la piscina que tenía hasta ahora.
 La gente que estaba rodeando el entorno de la piscina giraron la vista hacia mi de un tirón.
— Vaya, mira usted. Un desastre ¿verdad?— dijo alguien.
 A medida que me acercaba a la piscina, tenia más fuerte sensación de que pasaba algo anormal. A mí me parecía que sería alguna ilusión o truco. Esta... esta gelatina azul se había cambiado en una crema bávaro del color naranja, en un solo día. El Sr. Ito nos indicó una pendiente al oeste del lugar.
— En la noche ocurrió una corriente de fango y un alud de piedras. La tierra roja irrumpió en la piscina como ves. No se puede medir la cantidad.
 Aha, eso, sí. Bastante cantidad de tierra desde el lado del precipicio del montículo ya se afluyó. Esto era como una sopa con la tierra roja. Hasta el banco en que nosotros, el Sr. Kaita y yo nos sentábamos la pasada noche, también se sumió hasta la mitad de las patas de madera. Una enorme corriente de barro rojo irrumpió en los lados de la piscina. Como cuando después de conocer un truco de prestidigitación, me calmaba con alivio y, a la vez, la escena contenía la esencia de la lucidez y la belleza, empezaba a encantarme intensamente. Sin embargo, el estado del grupo del Sr. Ito no correspondía con mis sentimientos.
— ¿Llamamos a la policía?
— Sería una conclusión precipitada sin ninguna confirmación, ¿no?
 Qué extraño. Yo miré las caras de los otros hombres poco a poco con discreción.
— Mira, señorita MITSUKO, aquello. Un gorro de piscina que flotaba en el agua.
 El Sr. Ito indico un punto casi al centro de la piscina. Una cosa blanca que brillaba se veía flotando ligeramente. Parecía la imagen de un TOFU blanco dentro de una sopa de soja de color naranja. Primero sentía escalofríos y luego me ruboricé.
— ¡Disculpa, es mío. Aquel gorro de natación!
 Pedí perdón inmediatamente, y me expliqué... Anteayer fui a nadar en la piscina y no me di cuenta hasta ahora de que perdí ese gorro. Pero el señor Ito no se dejaba convencer y dijo:
— No se puede ver nada en el agua ya que no está transparente, así que para evitar un acontecimiento: es deseable que se asegure si pertenece a usted o no.

 Contesté que sí y corrí al restaurante para recoger el bañador. Mientras corría de camino, poco a poco empecé a sentir la excitación de que entraría en la piscina llena de aquel líquido, que estaba como una sopa de calabaza amarilla, sería "la primera vez" en mi vida.
Recordé las imágenes de Asia: Tailandia o Vietnam, en las que se veía a los búfalos de agua solían bañarse en la estación de lluvias. ¿Allí serían también ríos con color de ese amarillo?
 Debido a que abrí la puerta de un enorme portazo, el dueño se volvió a mirarme con sorpresa.
— ¡Señor, señor, vamos a la piscina! Es maravilla, maravilla de amarilla! ¡Ya es un río grande, agua amarilla, que se parece al río en DAIREN! Como un lío, sino río.
 Decía las palabras ridículas, agarrando el bolsillo del bañador y salí fuera de nuevo, escuchando la voz del dueño que decía, "vale, vale, en seguida".
 Pero cuando acabé de ponerme mi bañador, inmediatamente me asaltó una imagen que me escalofrió y sacudió. "El Sr. Kaita." ¡No tenía ninguna convicción sobre el Sr. Kaita, si estaría sano y salvo o no! Súbitamente yo oscurecí, sudé de un golpe... ¡Ojalá no haya ninguna desgracia!
 Salí al lado de la piscina, cuando oí a alguien que me aplaudió con grandes palmadas. ¡Sorpresa! No sé cuándo aumentaron los hombres hasta unos cinco o seis. Quienes aplaudieron eran el Sr. Solzhenizyin y el Sr. Morsa. Y volví a echar un vistazo a mí alrededor. ¿Quiénes eran los otros? Los hombres de secretaría. Tímidamente empecé a meter mis pies en el material naranja.

 Entonces se oyeron unas pisadas y alguien se añadió a la gente. Era el Sr. Kaita. Con alivio, yo sonreí como la figura de "Mona Lisa". Todos los miembros de la piscina me devolvieron la sonrisa con cada sensación que guardaban en sus corazones. Ya por fin, yo pude dejar la barra metálica de la piscina y me convertí en "una chica del río MEKONG"
 El sol emitía luces fuertes contra mis ojos, las olas naranjas me deslumbraban cuando quedaban tres metros hasta mi meta: ese gorro de piscina, me sumí una vez en el agua de repente como un delfín. "Mi habitación" estaba ahora envuelta en la neblina roja y resulta que no se podían ver las líneas blancas de las baldosas, ni las paredes del fondo, ni el lado del final. En mi vista, se encontraron partículas del barro rojo y solo podía avanzar en la neblina de la forma de la ilusión propia...
 Cuando aparecí de repente desde dentro del agua en donde flotaba el gorro y además con mi mano derecha lo agarré. Todos los espectadores aplaudieron a coro. Nadando de espaldas, me había puesto el gorro perfectamente. Además vi al dueño del restaurante por el rabillo del ojo.
 Él dijo con voz muy alta:
— ¡Venga, Blanquita! ¿Te importa presentarnos tus destrezas artísticas?
 Yo hicé la voz tocándome el gorro blanco.
— ¿Qué dice? Otra vez, ¡por favor!
— ¡Oye! Quiero decir, ahora, que haga natación sincronizada solamente, adelante, ¿Vale?
 Dijo el dueño haciendo un megáfono con sus manos, como sí ya lo hubiese aceptado. Sucesivamente todos aplaudieron. De repente, entonces, mi cuerpo empezó a recobrar la memoria de ser "un pez". Y no sé porqué me regocijé poco a poco.

 Una vez me sumí en el líquido naranja, y desde un lugar que ninguno pudiera adivinar, eché mis piernas fuera del agua. Alcé los píes más, centímetro a centímetro, hasta la altura de mi cadera. Los sonidos de las palmadas alcanzaron hasta mis oídos dentro del agua. Imité a un árbol dentro del Río Amarillo de China, inmovilizaba mis piernas durante suficientes ratos: unos diez segundos. Luego mostré varias movimientos: como las señales con banderas, las figuras A, B y C, etc.
 De repente, me pareció que algún insecto acuático pasó delante de mi vista, no sé. Sería un insecto: GENGORO o la larva de la libélula. Recordé unos cursos del Sr. Morsa: una jungla de la vida y yo estaba nadando dentro de la misma sustancia. ¿Cómo me verían los hombres al lado de la piscina? Es posible que me considerasen con cada imagen deseada de sus mentes.
 La escena que se transformó de normal, al contrario, a naranja brillante.
 Y, dentro del agua de color cerebral, estaba nadando con bichos, lombrices y el recuerdo de la mujer quien se mató aquí antes. Había más, junto a la imagen del cuello y los hombros de la hermana que nadaba en un río amarillo de DAIREN. Ahora, yo puedo mostrar esas imágenes diversas. Creo que podría cumplir con cualquier color brillante. Resulta que así lo había aceptado con ellos, y me habían aceptado ellos.

 Justo cuando toqué el aire, oí una música. Estaba sorprendida, paré el movimiento y volví a girar mi oído al rumbo de la música. El dueño del restaurante de KUMAMARU soba tenía un aparato negro de música que estaba encendido. Esa música tenía un ritmo impresionante, pero estaba olvidado. Cuando dirigía la cara a la gente, el dueño me dijo:
— ¡Mira! Ya te he dicho, un CD de entonces, que me ha tocado en un programa de televisión. De la secretaría alquilé éste tocadiscos y puse a funcionar la música.
 Yo incliné la cabeza como,"ya entiendo", y reí con el rostro de la cara sin cuerpo.
— Es MADONNA.
— ¿Eh? y ¿a qué?— pregunté mientras echaba agua por la boca.
— Sí, la música es de MADONNA, y tú también, Blanquita, eres.. ¡MADONNA!
 Entonces cambié el estilo de natación, de espalda a brazada, y le pregunté otra vez a él:
— ¿Qué quiere decirme...?
 Debido a que teníamos cierta distancia, él me boceó.
— ¡Blanquita, tú , MADONNA!
 Entonces alguien que estaba más cerca de mí.
— En resumen, ¡tú eres una... Virgen... Nuestra... Señora!— así anunció con voz alta.

el bosque

Capítulo 17
El ramo de perejil

 Al día siguiente, después de recibir la celebración de mi cumpleaños de veinte años con mis amigos cercanos, fui a visitar el restaurante de KUMAMARU soba, con abrigo puesto. Cuando atravesé la puerta corrediza, al fondo entre los humos de vapor que vinieron subiendo desde el comedor, el dueño estaba sudando en la frente como siempre. Al descubrir mi figura, de repente tropezó y me indicó un asiento vacío.
 Y dijo, "siéntate, siéntate". En el comedor había unos universitarios conocidos que soplando el tazón de tallarines japoneses, no se daban cuenta de mi presencia.

 A él le conté varias cosas como los currículos de mi universidad actual o el asunto de mi pelo que ya estaba dejando crecer de nuevo. El dueño me forzó a comer algo en la mesa, sin embargo entonces tuve una culpa por arrepentimiento, ya que no llevaba ningún regalo para él: guardaba discreción.
— Gracias a usted he cumplido veinte años.
 Cuando iba a salir, me dijo:
— Un minuto, Blanquita...
 Otra vez, él estaba tropezando. Un rato después, había salido de la cocina y llevaba un ramo lleno de perejil que tenía largo troncho y lo sostenía una anilla de caucho — Ahora no tengo nada, solo esto... para cocinar... dijo y me lo entregó. Al llegar a casa, cuando lo había arreglado en un vaso con suficiente agua, me di cuenta de que este ramo estaría en lugar de "el ramo de flores de mi celebración”. Entonces me cayeron unas lágrimas.

 Durante casi una semana, cuidaba el ramo con agua limpia, luego, lo había machacado y lo añadí en “arroz al curry”.
 Ahora, ya, el perejil estaba dentro de mi auténtico cuerpo.

  — Fin —

PEREJIL

2022年2月14日 発行 私家版

著  者:Tio ASAEDA
発  行:Fantastico.co

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Esta novela es pubulicada en privado. Solo para disfrutar leer en el ejemprar con cierto modo. No ha imprimido y pubulicado en formal. Si pueda usted cumplir leerla, sea muy amable que me de' impresion u opinion que se siente. Muchas gracias.

autor: TAKANORI ASAEDA
ayuda: Álvaro E.Vento Acosta
E-mail: asaedaojisan@yahoo.co.jp
país y ciudad: JAPO’N-TOKYO
Derecho de la novela y dibujos pertenecen a Takanori Asaeda

2022
Takanori Asaeda
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